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La cesión de Escrivá precipitó el pacto con los empresarios

La cesión de Escrivá precipitó el pacto con los empresarios
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Susana AlcelaySusana AlcelayMaría CuestaMaría Cuesta

Siete horas. Es el tiempo que tardó en darse la dorso una negociación a la que a última hora de la oscuridad del lunes no se había subido la ordenamiento empresarial, empeñada en proteger a todas las empresas, grandes, medianas y pequeñas, y no solo al turismo, de los bienes de una pandemia que está haciendo estragos en el tejido productivo y en el empleo. Hoy hay claros ganadores, la CEOE y la ministra Díaz, y un perdedor, el ministro de Seguridad Social, a quien le ha tocado hacer renuncias para presentarse a un acuerdo en el diálogo social que protegerá, en decano o pequeño medida, a las empresas españolas en la pandemia.

Impresionar a hasta aquí ha sido un camino emborregado. Semanas de tensiones y una negociación dura y maratoniana de última hora. Quedaba poco tiempo porque los ERTE decaían hoy. Hasta pasada la una de la mañana estuvo el presidente de los empresarios, Antonio Garamendi, reunido con sus hombres de confianza en la sede de Diego de Héroe 50 a la retraso de que llegara una última proposición del Gobierno para subirse al acuerdo o, en el peor de los casos, preparar el ámbito para un «no». Los empresarios se hubieran tenido que evidenciar. Era necesario en este caso redactar un argumentario porque el Ejecutante y, sobre todo, UGT y CC.OO. se les iban a echar encima. Los secretarios generales de uno y otro sindicatos, Pepe Álvarez y Unai Sordo, ya habían cedido el sí a la prórroga del Gobierno a la retraso del gastado bueno de sus órganos de dirección. «Hay un texto que podría dar pie, sin duda, a un acuerdo tripartito. Si no fuera así, ese texto debería modificarse. El acuerdo bipartito debiera ser otro», dijo Sordo concluida la reunión que acabó sin acuerdo el lunes. El líder sindical instaba a Trabajo y Seguridad Social a cerrar un pacto solo con sindicatos.

Sobre las ocho de la mañaña de ayer llegó la última proposición a las empresas. Escrivá se apeaba de sus primeras intenciones y cedía en las exoneraciones. Se fijaba un paipay de ayudas en el suscripción de cotizaciones para todas las empresas en ERTE en porcentajes muy superiores a los actuales. Este había sido el objetivo de Garamendi desde el primer momento; presentarse a todas las empresas afectadas por los confinamientos. «No vamos a dejar antes a ninguna empresa, ni al comercio, ni a la hostelería porque hay muchas familias detrás, porque son el día a día de la heredad de este país y porque la mayoría de trabajadores que han ido al paro son de estos sectores», avisó el presidente de la CEOE en una entrevista con TechnoMiz publicada el pasado domingo, a pocas horas de que la patronal se sentara de nuevo en las mesas de negociación.

La cerrazón del ministro de Seguridad Social, José Luis Escriva, ha hecho muy difícil que los empresarios pusieran el sello a un acuerdo para ampliar los ERTE que, en un primer momento, solo protegía el empleo para el turismo. «No puede ocurrir un café para todos en el acuerdo para prolongar los ERTE porque la pandemia no afecta a todas las empresas por igual», dijo el titular que gestiona las pensiones solo unos días antiguamente de cerrar el acuerdo, mientras su compañera de negociación Yolanda Díaz mediaba para conseguir que las empresas además respaldarán la ampliación de la protección al empleo hasta el 31 de enero. «El Gobierno no va a dejar caer a las empresas, ni a los trabajadores», repetía. Ha sido el mantra de la titular de Trabajo durante el diálogo tripartido, que ya suma seis acuerdos esencia del diálogo social.

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