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Jirí Menzel, el cineasta de la Nueva ola checa

Jirí Menzel, el cineasta de la Nueva ola checa
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David Felipe Arranz

Célebre y elegantísimo cineasta checo, hombre de tablas escénicas y maestro infatigable, Jirí Menzel ha sido uno de los grandes representantes de la Nueva ola checa (Nová Vlna). Hijo de uno de los ayudantes del realizador Jirí Trnka, se formó en la Escuela de Cine de Praga (FAMU), donde se diplomó con el cortometraje «El señor Foerster acaba de caducar» (1962), escrito a partir de un exposición de Jindřiška Smetanová sobre la melancolía por la Europa arcádica, ya perdida, representada en los saludos de Provenza evocados por un anciano en Praga. Empezó como ayudante de Vérá Chytilová, de la que aprendió el oficio de filmar las delicadezas del inclinación. Su comienzo se alzó falta menos que con el Oscar a la Mejor película en acento no inglesa: «Trenes rigurosamente vigilados» (1966), impresionante documento basado en una novelística de su gran amigo Bohumil Hrabal y que narra las peripecias de un jovencísimo ferroviario (Václav Neckár) que conjura los abusos de la ocupación fascista dedicándose en una fase de tren a los piruetas amorosos con su bellísima novia Mása (Jitka Bendová) y alguna que otra madura atractiva (Nadie Urbánková).

Fotograma de «Un verano caprichoso» (1968)
Fotograma de «Un verano caprichoso» (1968)

Lo suyo fue la comedia satírica con tintes absurdos: a su ópera prima le siguieron «Crimen en el teatro» (1968), sortija desconocida y divertidísima del gran títeres cabaretero con investigación criminal inclusive, basada en una obra de Josef Skvorecky; «Un verano caprichoso» (1968), a partir de un relato de Vladislav Vancura sobre tres ociosos cuya plúmbea existencia se ve interrumpida por la presentación veraniego de Anna –Jana Preissová–, una bella y atractiva muchacha, pareja de un taumaturgo y funambulista –que interpreta el propio Menzel–; y la imponente tragicomedia «Alondras en el alambre» (1969), tradición sobre las purgas del Partido Comunista de Checoslovaquia en la término de 1948, escrita por Hrabal y censurada tras la invasión soviética del país en el verano de 1968, lo que obligó al confinamiento a compañeros suyos como Milos Forman. La película, de hecho, no se estrenó y distribuyó hasta 1990, cuando se alzó con el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín.

El buscador de oro, de 1974
El buscador de oro, de 1974

Tras un quinquenio dedicado a la campo y obligado por el régimen comunista a no filmar falta, Menzel regresó por fin a la gran pantalla en la término de los primaveras setenta con «El buscador de oro» (1974), sobre el regreso al hogar de un soldado que se siente extraño en su propia tierra; «La casa en el principio del bosque» (1976), magnífico drama sobre la accidentada convivencia de una clan y un anciano en una casa rural, y «Los hombres de manivela» (1978), fascinante documento sobre la presentación del cinematógrafo a Praga, en el que Menzel hace de Menzel, contiguo al coguionista Oldrich Vlek, que asimismo se reserva un papel.

Ya en la término sucesivo filma «Tijeretazos» (1981), de nuevo una amoldamiento de los saludos de infancia de Bohumil Hrabal en Nymburk, que publicó con el título de Postřižiny, y en cuyo rodaje participaron como intérpretes los familiares del escritor, como su principio y su tío Pepin, a cuya capacidad de contar historias Hrabal debe su influencia literaria. De estos primaveras asimismo son fruto filmes extraordinarios, como «La fiesta de las campanillas verdes» (1984), sobre las rencillas disparatadas de los habitantes de un pueblecito a cuentas de un cerdo salvaje, según la novelística de Hrabal, quien tenía una casa de campo en Kersko y se animó finalmente a hacer un cameo en la cinta; «Mi dulce pueblecito» (1985) –nominada a la Mejor película de acento no inglesa–, «Los fisgones de chocolate» (1985) –fallida coproducción detectivesca a la europea– y «El final de los buenos tiempos» (1989), a partir de otro relato de su admirado Vladislav Vancura y un delicioso paseo por la Checoslovaquia de 1918 y sus pícaros, como el «duque» Alexej Megalrogov, al que da vida el inolvidable Josef Abrhám. En esta partidura nostáligica por los inicios del siglo XX destaca la filmación en 1991 de la amoldamiento que su amigo Václav Havel hizo de La ópera de los tres peniques, la mítica alcoba que John Gay escribió en 1728.

Los hombres de la manivela, de 1979
Los hombres de la manivela, de 1979

Ya en plena término de los primaveras noventa, Menzel se venablo a las coproducciones: «Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chomkin» (1994), comedia bélica que adapta la novelística homónima de Vladimir Vojnovich sobre un oficial sometido a situaciones verdaderamente kafkianas en el transcurso de la custodia de un avión del Ejército Rojo al inicio de la II Hostilidades Mundial. Participó con el corto «One Moment» del interesante aunque irregular largometraje acerca del paso del tiempo filmado por ocho maestros: «Ten Minutes Older: The Cello» (2002), en el que compartió créditos con Bertolucci, Claire Denis, Jean-Luc Godard, István Szabó o Volker Schlöndorff. Con «Yo serví al rey de Inglaterra» (2006), otra amoldamiento de una novelística de Hrabal, Menzel demostró que estaba en plena forma y que sabía filmar como pocos las desdichas de hombres sin importancia, provincianos torpes y aldeanos ansiosos que eligen atajos para ascender y alcanzar una ansiada riqueza que nunca llega.

Su última película, «The Don juans» (2013), comedieta mozartiana sobre las correrías y andanzas sentimentales de un jovenzuelo que dirige el Don Giovanni sin perder comba amorosa entre las sopranos, puso punto y final a una trayectoria ejemplar, refleja festivo y mordaz de una Europa del Este que fue de todo menos divertida. Menzel se defendió de los rigores políticos de su tiempo con su única pertrechos: la ingenio.

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