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«Idol Kids» o el baño de lágrimas de Isabel Pantoja

«Idol Kids» o el baño de lágrimas de Isabel Pantoja
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«Qué pecha de sentir me estoy pegando«, escribió Kiko Rivera –el intérprete antiguamente conocido como Paquirrín– en Twitter, red social en la que estuvo muy activo durante toda la ropa. Indumentaria, por cierto, grabada antiguamente del confinamiento, como se remarcó con rótulos durante todo el software no fuese a ser que algún llamase a las autoridades en presencia de tal profusión de abrazos y besos entre masas sin mascarilla.

Isabel Pantoja ya fue elevada por Telecinco a fortuna de «Supervivientes» y ahora pretenden que repita rol en «Idol Kids». El asunto es que, sobre el papel, en este zaguero formato los protagonistas tendrían que ser los niños. Y ayer, en el estreno, lo fue la tonadillera, que volvió a cultivar, tantos abriles luego, de «Viuda de España».

«Voy a disfrutarlo», dijo la sevillana al principio del software. Y vaya si lo hizo. Disfrutó, pero incluso lloró. De emoción y de dolor.

Ya de entrada se caldo en lo alto, fielmente, para aplaudir a la primera participante, Anne, hija de la cordobesa Raquel Rodríguez, Miss España 1994, y Gorka Arrinda, reconocido representante de deportistas y ex presidente del Bilbao Basket. La mecánica del software es sencilla: el cuerpo cuenta con tres recadero (rojo, verde y ticket de de oro). Si hay más rojos, el solicitante está fuera. Si hay al menos dos verdes, sigue en el software y el sabido le vota, y luego se revela el porcentaje en el que lo hace. Y si los tres miembros del cuerpo –Edurne y Carlos Jean comparten esa responsabilidad con la andaluza– pulsan el timbre del ticket de oro, el concursante supera todas las fases previas y accede a las adornos finales.

Para Anne, la Pantoja pidió el premio mayor, pero sus compañeros no la secundaron y ella se picó un poco. Fue su momento más acre del software: luego se subió a una montaña rusa de risas y llantos emocionados.

Su primera llorera

Su primera llorera se la provocó Marta Mesa, de Montilla (Córdoba). La muchacha armó el taco en «Idol Kids». Lo hizo cantando «La llorona». Y estaba cantado lo que iba a suceder.

La Pantoja lloró. «Olé», gritó. Se puso en pie. Se pusieron los otros dos jueces en pie. «Ticket dorado», gritaba el sabido, como poseído.«Lo siento, pero no me siento», dijo la tonadillera al arruinar lo función. «Porque luego de haberte escuchado, ya no puedo sentarme», elogió.

Pantoja le dio al dorado. «Es ella», repetía una y otra vez la tonadillera, como señalando a una elegida, mientras sus compañeros del cuerpo dudaban. Edurne fue la segunda en darle al timbre del examen maduro. Carlos Jean lo hizo de tercero, pero no por ello fue el menos entusiasta sino que más perfectamente trató de darle emoción.

Y entonces la que lloró fue Marta, la candidata. Y su religiosa. Y la tonadillera, a lo suyo: o sea, a seguir llorando.

«Su ticket de oro, que la vara directamente a las adornos», anunció a las masas enfervorizadas el presentador Jesús Vázquez, tratando de usted a la futura intérprete, mientras entregaba a Marta un ticket como los que daba Willy Wonka en la peli de Tim Burton.

«Marinero de luces»

Pero el gran momento estaba por salir. De un pueblo de Sevilla llegó Antonio Pérez. No dijo qué canción iba a interpretar. Así que el impacto fue maduro cuando sonó «Marinero de luces». La Pantoja hundió su cabecera entre las manos. A posteriori, las lágrimas inundaron su rostro.

«Yo tuve que dejarla de cantar», le contó a Antonio. «Es mi vida del año 84 plasmada en un disco. Es la primera canción que me trajo Perales», siguió explicando, recordando aquel momento posterior a la asesinato de Paquirri. «Se fue muy mancebo». Fueron, narró, diecisiete meses de coito: «Me quedé en estado el primer mes. Tuve que criar un chiquillo solo. No sé ni cómo estoy viva». «Él era la luz», dijo señalando al firmamento. «No voy a dejar de llorarle nunca», espetó.

Isabel se repuso de la emoción gracias a un par de actuaciones más flojillas, pero volvió al borde de la lamento con la de Noelia Braceras –que se llevó otro ticket dorado, y eso que, nerviosa, tardó en decidrise a salir al decorado– y, sobre todo, con la de Laura Gilbert, la catalana que perdió a su religiosa hace dos abriles y cantó con un ojo en el firmamento «Jealous». «Soy la llorona del género. Yo solo chapurreo inglés, pero me has hecho sentir cantando inglés. Eres de lo mejor que he pabellón en mi vida«, elogió a la muchacha. «Me vas a hacer sentir a mí, por ayuda», le pidió la mancebo, de 14 abriles, que fue de las pocas que se resistió a sumarse a aquel valle de lágrimas.

El final incluso estuvo cargado de fuertes sensaciones. La Pantoja es tan ecléctica que tan pronto se emociona con una jota dedicada a la Casto del Pilar (la cantó el pequeño Asier Colás, de Calatayud; «cantas como los ángeles», le dijo) como vibra con el «Highway to Hell» de los AC/DC que se marcó Lennon Jon, vestido con falda escocesa (en honor a su padre) y sobrado de porte. «Nos has dominado. Qué maravilla. Mola mazo», elogió la andaluza al chaval, de 11 abriles y procedente de El Escorial. Fue la primera que pulsó el timbre del ticket de oro para el melenudo mancebo, y sus dos compañeros del cuerpo la secundaron. Así, con el tercer premio espacioso de la tinieblas, acabó la primera ropa de un software en el que la fortuna está sentada en el medio del cuerpo.

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