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Hollywood se aferra a los libros para salir de la crisis del coronavirus

Hollywood se aferra a los libros para salir de la crisis del coronavirus
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Fernando MuñozFernando Muñoz

De la época de los «biopics» a la de las adaptaciones. Esa parece ser la postura de las productoras de Hollywood, que quieren dejar antes los primaveras donde las biografías de ilustres personajes han saturado las pantallas para encontrar la fuente de sus nuevos guiones en la letras. Así, durante la pandemia, los estudios se han agente de los derechos de cientos de novelas y obras de no ficción. Lo cuenta «Los Ángeles Times», que apunta a que parece que los ejecutivos cinematográficos han tenido más tiempo para adivinar durante el confinamiento y han descubierto una veta, la de las páginas de los libros, donde hozar para sacar nuevos proyectos cinematográficos.

En los últimos primaveras, las productoras que no tenían en su catálogo superhéroes ni éxitos con los que entrar al ocio de los «remakes», secuelas, precuelas, «spin-off» y demás chicles estirados, buscaban en el pasado de nombres famosos la saco de sus cintas. Solo en 2018 se estrenaron 24 «biopics» –películas basadas en biografías–, una emblema similar, sin contar las producciones minoritarias, a la de 2019. En 2020, con la pandemia atravesando el sector, la cosa se ha calmado. Títulos como «Bohemian Rhapsody», «Rocketman», «El oficial y el agente», «Le Mans’66», «Tolkien», «Un amigo extraordinario», «Judy», «First Man», «El escándalo»… Y tantas otras demostraron que hay vidas reales más grandes que la ficción.

En los próximos primaveras todo apunta a que serán las adaptaciones las que ocupen los huecos que dejen en la cartelera los «blockbusters», las sagas infinitas y los superhéroes.

Subastas literarias

Las grandes novelas han sido, desde los inicios del cine, el sustento de cientos de guiones. Pero pocas veces se había vivido una pugna como la de este verano por hacerse con los derechos de nuevas adaptaciones. Es el caso de «Leave the World Behind», la tercera novelística del escritor Rumaan Alam, que durante dos semanas vio como Netflix, Apple y MGM peleaban por poder adaptar su vademécum. Cuenta «Los Ángeles Times» que incluso le aseguraron que Julia Roberts y Denzel Washington habían aceptado protagonizar y producir el «thriller» sobre una pareja blanca cuyo alucinación de reposo se interrumpe cuando los dueños negros de la casa donde se alojan regresan inesperadamente. Lo iba a dirigir Sam Esmail, creador de «Mr. Androide», que devoró la novelística durante el parón obligado por el coronavirus. Finalmente fue Netflix quien más hacienda puso sobre la mesa y se quedó con esta historia de suspense en la que se tocan temas como la raza, las clases sociales o la clan.

Rumaan Alam no ha sido el único escritor que se ha pasado el verano atento al teléfono. CAA, una agencia de representación editorial, ha vendido 175 títulos de libros para llevarlos al cine y la televisión en lo que va del año, aproximadamente cinco veces el bombeo de la agencia durante el mismo período de 2019. Datos similares al de otras compañías rivales.

Precisamente la ganadora de la subasta sobre «Leave the World Behind», Netflix, así como sus «compañeros» del «streaming» son en parte los responsables de este desorbitado interés: su apetito insaciable a la hora de ofrecer nuevo contenido a los suscriptores les obliga a agenciárselas más y más ideas. Hay docenas de ejemplos, como MGM, que ha comprado los derechos de la próxima novelística del autor de «Marte», Andy Weir, titulada «Project Hail Mary» y que contará con Ryan Gosling como protagonista. El «bestseller» de Brit Bennett, «The Vanishing Half», se lo ha quedado HBO tras «una pugna de ofertas». En agosto, Netflix adquirió los derechos para hacer una película a partir de la novelística «The Upper World».

Una salida «creativa»

Como casi todo en Hollywood, lo que se ve en primer plano esconde un trasfondo más opaco. Esta saldo masiva de derechos que parece provocada por el coronavirus y el penuria del «streaming» tiene otra razón de ser, quizá tan importante como las anteriores: la disputa por los derechos de autor.

El año pasado, el Agrupación de guionistas de américa demandó a las principales «agencias de talento» de Estados Unidos (la antiguamente mencionada CAA, y sus «rivales», como WME o UTA) por «competencia desleal» y por «incumplir sus deberes de buena fe con sus representados». Como con los guionistas han conocido cercenada la vía de negocio hasta que los tribunales la resuelvan, estas agencias han empezado a trabajar con escritores para poder seguir vendiendo proyectos a las productoras y cadenas de televisión. Adicionalmente, como aceptablemente saben los escritores españoles, las plataformas de «streaming» desean sobre todas las cosas hacerse con los derechos de propiedad intelectual, y los libros, al menos en el mercado norteamericano, con leyes más laxas que las europeas, son un objetivo valentísimo. Por eso, en los últimos primaveras, no hay plataforma que no tenga una gran serie basada en un vademécum, como «Big Little Lies», «The Handmaid’s Tale», «Little Fires Everywhere» o la más nuevo «La innegable verdad». El futuro del cine está en los libros.

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