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Hardin y Tessa, amor sin mascarilla

Hardin y Tessa, inclinación sin mascarilla
#Hardin #Tessa #inclinación #sin #mascarilla

Oti Rodríguez Marchante

Siguen exactamente donde lo dejaron Hardin y Tessa, esa parejita de adolescentes que se agarran al primer inclinación como un catarro en noviembre a la estrechamiento. Para esta segunda «temporada» de la serie de novelas de Anna Todd, que son poco así como «La Comedia Humana» en interpretación niñata del te miro y me derrito, se ha cambiado el director y en vez de Jenny Gage la firma Roger Kumble. Monta tanto, porque lo demás no se mueve ni un centímetro: la misma pareja de actores, Hero Fiennes-Tiffin y Josephine Langford, y los mismos conflictos, por llamarlos de algún modo, pues consisten en un me voy y vuelvo constante y en un te veo, te como y me empachado insistente.

Todas esas colisiones sentimentales y terremotos hormonales tal vez sirvan de pasto entre el sabido zagal, siempre mejor dispuesto a dar por buenas líneas de diálogo purgantes y situaciones sofocantes, pero, con solo una dioptría adulta en la ojeada, la historia de inclinación cansino entre Hardin y Tessa es un puerto de primera del Tour. De hecho, a uno le da la impresión de que su entorno, padres, amigos, jefes…, deberían hacerlos ver que son unos pelmazos. Inverosímil: son igual de pelmazos. Ahora, se intenta ponerle tensión mediante un nuevo personaje, Trevor (Dylan Sprouse), un pequeño bueno y diligente que le pone ojitos a Tessa, pero se queda corto de sisa.

En su auspicio puede decirse que los jóvenes protagonistas se lucen y son reguapos, y dan la impresión de creerse mucho las emociones y chisporroteos de sus personajes que, de tan superficiales, adquieren una profundidad cuántica digna de Christopher Nolan.

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