entretenimiento

El valle de las sombras

El valle de las sombras
#valle #las #sombras

Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

El portugués Pedro Costa lleva varios primaveras y varias películas encerrado en un mismo entorno, Fontainhas, y una misma estética. Lo triste de lo primero, un suburbio de favelas en los suburbios de Lisboa habitado por inmigrantes caboverdianos abandonados de la mano de su Jehová y del estado de bienestar luso, no parece obstáculo para desarrollar su más que llamativa estética visual.

Acullá de la «pornomiseria» (excelente término de Luis Ospina) en la que tantos otros incurren, Costa filma a sus «pobres» -él prefiere llamarlos desesperados- en una sucesión de resplandecientes composiciones: con la inestimable ayuda de la cámara digital de Leonardo Simoes, cada plano es casi un cuadro hiperrealista, una imagen onírica con dos tres focos de luz que enfocan con prístina claridad todo lo que no está engullido por las tinieblas de este corona «do desespero». Y esta doloroso intensidad tenebrista se nutre de la dolida tristeza y la dignidad infinita de sus personajes, que ya nos resultan familiares de sus anteriores visitas al suburbio.

Nos reencontramos aquí con Ventura, en el papel de un cura con crisis de fe como los de Bergman y Bresson. Y sobre todo con la titular, Vitalina, una presencia magnética cuya historia auténtico se nos va contando en impresionantes monólogos, vale afirmar, diálogos con su marido muerto. Pero en este mundo de sombras tiene sentido que los fantasmas se paseen con nacionalidad. Un plano secuencia original, de un cortejo funerario, y el plano final que escenifica un antiguo momento de dicha en Africa, justifican el desplazamiento.

Ver los
comentarios

#valle #las #sombras

Leave a Comment