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El terrible presentimiento de Concha Márquez Piquer

El terrible presentimiento de Concha Márquez Piquer
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En una entrevista televisiva concedida en su casa, Concha Márquez Piquer, pide a sus hijas que aparezcan en plano. Las pasión y la presenta. Son «Conchitín», de 14 primaveras. Y Coral, de 11. Curro Romero, el torero, es su padre. Pero está privado. Presume de ellas su raíz. Ocho primaveras posteriormente, sobrevendrá la tragedia, episodio doloroso que se recordó en el «Lazos de raza» dedicado a las Piquer.

Todavía se incidió mucho en la capacidad de Concha Márquez Piquer para predecir el futuro. Porque aquella desgracia la vio venir. Pero no pudo pararla, aunque lo intentó. «La dijo mil veces que no fuera», aseguró Nieves Herrero, cayendo en el pecado del laísmo, durante el software presentado por Boris Izaguirre. Que no fuera a Estados Unidos.

Coral, con once años
Coral, con merienda primaveras – TVE

Porque fue en Estados Unidos donde murió, en el estado de Tennesse. En un contratiempo de automóvil. En 1986. Iban tres. Ella no conducía. El transporte derrapó a causa de la chubasco y se salió de la calzada. Coral murió en el acto. Los otros dos se salvaron.

¿Qué hacía al otro costado del charco? Perfeccionar su inglés. Por motivos musicales. Coral cantaba en un reunión de rock melódico llamado Avenida de Pasión. En principio lo hizo en secreto, a espaldas de su grupo. Ensayaban en un destartalado recinto del arrabal de Vallecas.

La costado llegó a desempeñarse en el mítico software «Tocata». Hicieron una maqueta con tres canciones. La enviaron a la compañía Virgin, a Londres. Grabaron con este sello su primer elepé. Su representante le dijo a Coral: «Tienes que ir a Estados Unidos». Para perfeccionar el inglés, pues quería exhalar al reunión en ese idioma.

«No vayas», le había dicho su raíz ayer de ir a Estados Unidos. «¿Por qué?», le preguntó Coral. «Porque en ese caso no vas a retornar nunca más», había listo.

Hubo otra premonición del estilo. El día de autos, Conchitín pidió a su raíz que le dejase admitir a casa de unos amigos el vídeo con la vídeo de «Tocata». Se negó. «No te lo doy porque tu hermana nunca más va a retornar a casa».

En el software todavía se recordó la sorprendente reacción que tuvo Concha cuando una persona le comunicó la homicidio de su hija. Predijo primero que le venía a dar esa mala nueva. Y posteriormente le pidió a su marido, el actor Ramiro Oliveros, que fuese a por una botella de champán y la abriese inmediatamente. Una vez llena la copa, la alzó cerca de el bóveda celeste e hizo un pláceme a Jehová: «Si crees que por esto voy a dejar de creer en ti, te equivocas. Pero entenderte no te entiendo». Posteriormente se derrumbó.

Coral, cantando en «Tocata»
Coral, cantando en «Tocata» – TVE

No fue la única, claro. De la homicidio de su hermana habló, en el documental, Concha Romero Márquez (la Conchitín del vídeo auténtico): «Pienso que la homicidio es advenir a otra dimensión», se quiso consolar. En todo caso, no ha olvidado aquello ni un solo día: «Una pesadilla interminable».

No se lo creía. Concha Márquez Piquer no se creía esa homicidio. Por eso pidió al togado que le permitiese desobstruir el caja. Ella le cortó un mechón del pelo. La abuela, doña Concha Piquer, le espetó un beso.

El entierro fue todavía un episodio para olvidar. Oliveros recordó que el caja no cabía. Y pasaron quince minutos hasta que lograron hacerle un hueco. Fueron eternos. Concha hija perdió los papeles: «Son como cuervos», gritó, en narración a los periodistas. «Cuervos, los he odiado toda la vida», clamó, mientras su hija Conchitín intentaba calmarla.

Tras el entierro, más oscuridad. Concha sufrió una depresión impresionante. «Me volví loca», admitió ella primaveras posteriormente. Pensó en el suicidio. Dejó de cantar durante primaveras. Pero volvió. «Es como si me hubiese acostumbrado a habitar un apoyo», dijo en una ocasión cuando le preguntaron cómo era la vida sin Coral.

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