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el mito de las 48 horas y la diferencia entre allanamiento y usurpación

el mito de las 48 horas y la diferencia entre invasión y usurpación
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EFE

Con el fin de las receso, el temor de muchas personas a encontrarse su hogar okupado al regresar crece, aunque los trámites para desalojar a los «inquilinos» son inmediatos por ser un delito de invasión de morada y no una usurpación, referida a un inmueble inhabitado. Esta es la verdadera okupación, la que puede durar años. A continuación, vamos a aclarar los términos sobre cómo representar en presencia de estas situaciones, cuánto tiempo pueden transcurrir hasta recuperar la vivienda, qué penas conlleva y por qué duran tantos los procesos judiciales.

¿Qué es la okupación o usurpación y qué es el invasión de morada?

Como ya se ha aguzado, la okupación es un problema social cada vez más de contemporaneidad que afecta, principalmente, a viviendas vacías, sin uso alguno, deshabitadas. Cuando afecta al hogar, sea este el habitual o la residencia de la playa o la montaña estaríamos en presencia de un invasión de morada.

Antaño, el miedo al partir de receso era que entraran a casa a robar. Ahora a okupar. Pero este engendro del «okupa veraniego» falta tiene que ver con la modalidad convencional, todo un via crucis de tiempo y cuartos para los propietarios hasta culminar el desalojo.

¿En qué casos es un delito leve y en qué casos conlleva calabozo?

La casa, el hogar, es inviolable. Si algún entra comete un delito de invasión, castigado con hasta dos abriles de prisión y cuatro si emplea violencia o intimidación.

Si al retornar de las receso, los okupas siguieran internamente se produciría un delito evidente. Aquí no debe cundir el pánico. La Policía puede entrar de inmediato sin orden contencioso y recuperar la casa. En caso de que la Policía dude, se recurre a la vía contencioso, igual de rápida. Se acude al chancillería de defensa y se pide el emanación de los okupas tras comprobar que la vivienda es un hogar y no una propiedad vacía. Todo este esquema se aplica igual a la segunda residencia, ya sean días, meses o abriles lo que se habite ahí. Ausencia que ver con la okupación se considera un delito leve al no poseer emergencia y lleva otros cauces judiciales que abordaremos más delante.

¿Cuántas denuncias hay?

Según datos del Servicio del Interior, a los que ha tenido golpe Efe, los «hechos conocidos» de ocupación ilegal (aludiendo solo los denunciados), han pasado de 10.367 en 2015 a 14.621 en 2019. Y en el primer semestre de 2020 van 7.540.

¿Es verdad que hay que representar antaño de las 48 horas?

La usurpación transita por otro camino que el invasión. Pese a ser un delito evidente, la Policía -el mito de avisar en las primeras 48 horas es eso, un mito sin saco justo, afirman las fuentes- no suele representar motu propio por varios motivos: no hay emergencia, el propietario no vive ahí y los «okupas» juegan al despiste tratando de crear una apariencia de legitimidad.

¿Cómo? Con recibos, empadronamientos, representar en silencio durante un tiempo para que los vecinos no sospechen de recién llegados o entregar contratos de inquilinato, incluso verdaderos, con la intención de que «les abran la puerta» para luego okupar el inmueble.

¿Por qué duran tanto los proceso judiciales?

Tras la denuncia, el dueño puede pedir al chancillería un emanación, pero ya no es tan posible por cuestiones de proporcionalidad, hay que esperar a sumario. La consecuencia es un exhausto itinerario de meses o abriles.

Para evitar esto hay dos opciones. Al ser delito leve cerca de el sumario rápido. Pero la Razón choca con un problema. Se identifican y condenan a unos okupas, aunque ocurre que siempre hay parentela sin identificar internamente, lo que hace que el proceso se repita y eternice, explican las fuentes. Y luego la sentencia es recurrible.

Una segunda vía con la usurpación es el desahucio exprés por lo civil. Se puede conquistar en semanas pero los jueces reconocen demoras. «Los juzgados están saturados y no damos abasto», dicen.

El negocio de la seguridad y las mafias

Ocurre que el invasión de morada no es tan mediático como el engendro de la okupación y erróneamente se suelen relacionar. De ello se han presbítero las empresas de seguridad. El miedo a los okupas ha relanzado la contratación de sistema de alarmas. Hilván echar un vistazo en Internet para ver como se ofrecen «alarmas anti okupas».

Asimismo han proliferado las empresas de desokupación. Las fuentes consultadas discrepan con su gala. Una cosa es que negocien y otra que puedan demorar a acudir a «tácticas intimidatorias con hombres fornidos». Advierten, adicionalmente, de que «existe un castigo adrede para todo aquel que se toma la razón por su mano».

Pero el engendro okupa es todavía más amplio, porque han entrado las mafias. El okupa delega en ellas a modo de inmobiliarias y paga un cuartos a cambio de que le busquen residencia, como vienen denunciando PP y Ciudadanos.

¿Qué hacer con la okupación?

El asunto ya se ha colado en la memorándum política, pese a que no nació ayer. El PP omisión al PSOE y a Podemos de presentar a los okupas como las víctimas y defiende su plan antiokupación, en presencia de lo que considera la «pasividad» del Gobierno frente al «aumento amenazador» de casos. Asimismo carga contra la Generalitat, cuya ley de vivienda ha recurrido al TC para no convertir «Cataluña en un paraíso okupa».

Pero su discurso, como sucedió en las pasadas elecciones vascas, alerta sobre la «desprotección» que sienten quienes han gastado ocupada su vivienda posteriormente de «salir a dar un paseo o un fin de semana», sin distinguir entre un invasión y una usurpación.

Los partidos y operadores jurídicos no convergen siquiera en la respuesta. ¿Social o punitiva?. Un ejemplo es la propuesta del Colegio de Abogados de Barcelona, que aboga por rehacer la ley para conseguir un desahucio en 48 horas, pero facilitando el realojamiento en función de la vulnerabilidad de los ocupantes.

De un problema a otro, porque la okupación esconde otra verdad: personas y familias que no tienen golpe a una vivienda digna.

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