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El fútbol base, atrapado en su propia cuarentena

El fútbol pulvínulo, atrapado en su propia cuarentena
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Rubén CañizaresRubén Cañizares

El puente de la Hispanidad, asiduamente, traía consigo un cambio de mentalidad en nuestro país, el final momento de disfrutar del buen tiempo ayer de olvidarse hasta abril del calor y de los planes al medio suelto. Poco así como desmontar definitivamente la persiana de la primavera-verano y subir la del otoño-invierno. Y con ella, dar paso al fútbol amateur, ese que tanto hace regocijarse a niños y adolescentes, pero igualmente a aquellos adultos que por unas razones u otras se han quedado en el fútbol regional y inclinado. Este año, por desgracia, este círculo es de momento inviable porque el coronavirus igualmente ha contagiado al fútbol amateur.

«Hay una situación sanitaria enfermo que todos sabemos cuál es. Aunque los dirigentes de nuestro club, como los padres y los niños, tenemos muchas ganas de arriesgar, todos queremos hacerlo con garantías. Y a día de hoy, viendo la situación que vivimos, no tiene mucho sentido arriesgar partidos», explica a este folleto Pablo García, presidente de la Asociación Deportiva Cultural San Fermín, histórico club del morería de Usera, en Madrid, que cuenta con 14 equipos y casi 250 jugadores.

Desde el estallido de la pandemia, a mediados de marzo, han sido millones de niños, y no tan niños, los que se han quedado sin arriesgar sus respectivas ligas. Y en muchas zonas de España sigue siendo así. Una de ellas, Madrid, donde desde hace un mes se retomaron los entrenamientos, parados desde marzo, pero aún no hay competición en marcha. «La Confederación de Fútbol de Madrid fijó el fin de semana del 17-18 de octubre para el inicio de los campeonatos regionales y de aficionados, pero la mala progreso de la pandemia ha provocado que se retrase hasta el 14-15 de noviembre», detalla Pablo.

De las ligas de prebenjamines hasta juveniles no hay previsiones, pero todo hace indicar que hasta enero no habrá competición oficial, y siquiera es posible disputar partidos amistosos. «Me gusta ser positivo, pero hasta 2021 no creo que haya ligas de niños. Entre los puentes de noviembre y diciembre, más las Navidades, más la mala situación sanitaria, comenzar las ligas en lo que queda de 2020 parece increíble. Y, seguramente, sería lo más correcto», reflexiona Javier Cuenca, director deportivo de la EMF CD Cobeña, club con 24 equipos y 350 jugadores.

«Nos da la vida»

Equipos, padres y niños viven entre la incertidumbre del virus, el miedo a contagiarse y la ilusión por retornar a competir. Un griterío de emociones de difícil salida y posibilidad: «Tenemos ganas de arriesgar de nuevo partidos, pero igualmente tenemos miedo por juntarnos con niños de otros clubes. Es mejor entrenar y no arriesgar, que no entrenar ni arriesgar. El rato en la escuela nos da la vida», argumenta Raúl, participante del Cadete A en el CD Cobeña, municipio sito al noreste de Madrid.

«De juveniles en delante es cierto que no competir es un pequeño drama, pero de los 4 a los 16 abriles se sobrelleva. El objetivo es formarlos y que se diviertan. Que hagan deporte, como se dice coloquialmente. Es cierto que los padres más forofos quieren arriesgar partidos cuando ayer, pero la mayoría cree que no es el momento», explica Samuel Rodríguez, preparador de Pececillo C en el CD Cobeña. Son muchos los niños que despejan su mente aunque solo puedan entrenar en sus equipos. Y cuidan su crecimiento y su cuerpo. Son bastantes los que han cogido peso en exceso desde marzo y necesitan tener una rutina de actividad física para evitar este daño colateral del coronavirus.

Los entrenamientos son como mayor en grupos de vigésimo, en zonas no confinadas, y en grupos de seis en las que sí están cerradas. El uso de la mascarilla es obligatorio y está prohibido utilizar los vestuarios. A lo primero ya se han acostumbrado, aunque cueste y sea antinatural, pero lo segundo será difícil de aguantar cuando llegue el frío: «En nuestro club, y en la gran mayoría, los protocolos están siendo muy estrictos porque así lo obliga la RFFM y las Juntas Municipales de Distrito. Por eso el número de contagios en el fútbol amateur es prácticamente inexistente, pero aún así no se nos permite competir. Es una situación extraña, pero poco podemos hacer. Resignarnos, esperar y ser medianamente optimistas», cuenta Ricardo Marcos, director deportivo del CD San Roque, club del morería de Barajas, en Madrid, que tiene 17 equipos y 282 jugadores. El golpazo crematístico igualmente es otro hándicap importante del estado de hibernación que vive el fútbol amateur. Muchos entrenadores se quedan sin un ingreso extra, los clubes pierden patrocinadores y no están cobrando las cuotas de suscripción a los padres, que oscilan entre los 500 y 750 euros anuales, lo que les obliga a tirar de sus pocos ahorros, y la Confederación madrileña se queda sin ingresar el moneda de las licencias federativas.

Un agujero para las arcas de todos los actores del fútbol amateur que cada vez se hace más alto, aunque se intenta mirar el vaso medio saciado: «Además es verdad que los gastos son muchos menores al estar casi todo parado y que la Confederación madrileña tiene pensado fraccionar el suscripción de las licencias. Tenemos que ser optimistas. Más pronto que tarde el gol se lo meteremos nosotros a la pandemia», sentencia Pablo García.

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