Tecnología

El experimento con monos, chimpancés y humanos para comprender la evolución del lenguaje

El experimentación con monos, chimpancés y humanos para comprender la progreso del idioma
#experimentación #con #monos #chimpancés #humanos #para #comprender #progreso #del #idioma

Patricia BioscaPatricia Biosca

Entre las cosas que nos definen como seres humanos está nuestra capacidad para el idioma. Este nos otorga una delantera evolutiva considerable: la humanidad ha prosperado a raíz de compartir pensamientos, civilización, información y tecnología, todo ello transmitido a través de palabras. Sin bloqueo, su historia y cómo llegamos a perfeccionar el sistema aún arroja muchos enigmas. Ahora, investigadores de la Universidad de Warwick han acabado mecanografiar cuándo establecimos las bases de lo que sería nuestra comunicación flagrante. Y ese momento está mucho más detrás de que fuéramos humanos: hace unos 30 o 40 millones de abriles, en el remoto popular que compartimos con monos y simios.

Los resultados, que acaban de ser publicados en la revista « Science Advances», han sido elaborados por un equipo internacional de investigadores, dirigido por Simon Townsend, de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Estos investigadores han llevado a parte un avance crucial en nuestra comprensión acerca de cómo evolucionaron los bloques de construcción cognitivos, claves y básicos para el idioma.

Palabras juntas, palabras separadas

Las palabras son las unidades esencia para comprender las oraciones. Las habilidades cognitivas para combinarlas son básicas para sustentar el idioma. Pueden darse dos opciones: si se complementan una al flanco de otra, lo que se conoce como «dependencia adyacente»; o si lo hacen pero sin estar pegadas, emplazamiento «dependencia no adyacente». Por ejemplo, en la frase «el perro que mordió al pícaro se escapó» entendemos que es el perro el que se escapó y no el pícaro gracias a que podemos procesar la relación entre la primera y la última palabra en el contexto de la frase.

«La mayoría de los animales no pueden producir dependencias no adyacentes en sus propios sistemas de comunicación natural», explica Stuart Watson, investigador de la Universidad de Zürich y que asimismo participó en el estudio. Por ejemplo, los chimpancés comunes emiten más de 15 tipos de llamadas diferentes con determinados significados: cuando están emocionados, producen unos gritos que van aumentando de intensidad hasta parecer casi ladridos; o los bonobos avisan a sus compañeros con una tonalidad específica cuando encuentran una fuente de alimentos. Pero no hay pruebas de sistemas complejos con estructuras de dependencia no adyacente. «Sin bloqueo, queríamos enterarse si, no obstante, podrían entenderlas», apostilla el investigador.

Un experiemento compartido

El equipo de investigación utilizó un nuevo enfoque práctico en sus experimentos: crearon «gramáticas artificiales» en las que se utilizaron secuencias compuestas por tonos sin sentido en punto de palabras para examinar las habilidades de los sujetos para procesar las relaciones entre los sonidos. Es afirmar, crearon una especie de «idioma» con sonidos. Esto hizo posible comparar la capacidad de declarar dependencias no adyacentes entre tres especies de primates diferentes que no comparten un idioma popular: titíes comunes (un chimpancé brasileño), chimpancés y humanos.

«A cada especie se le mostró una gran cantidad de secuencias acústicas compuestas de diferentes sonidos. Estas secuencias eran predecibles, ya que el dato auditivo ‘A’ significaba que el dato ‘B’ ocurriría seguro más delante en la secuencia, incluso si a veces estaban separados por otros sonidos (por ejemplo, ‘A’ y ‘B’ están separados por ‘X’ )», explica a TechnoMiz Watson. «Esto simula un patrón en el idioma humano, donde, por ejemplo, esperamos que un sustantivo (por ejemplo, “el perro”) sea seguido por un verbo (por ejemplo, “se escapó”), independientemente de cualquier otra parte de la oración en el medio (por ejemplo, “que mordió al pícaro”). Procesar este tipo de relaciones distantes entre palabras o frases es crucial para el idioma».

En los experimentos siguientes se reprodujeron combinaciones de sonidos que rompían las reglas aprendidas previamente (por ejemplo, ‘A’ va seguida de ‘C’ en punto de ‘B’). A los voluntarios humanos solo había que preguntarles directamente si creían que las secuencias de sonido eran similares o diferentes en comparación con lo que habían escuchado antiguamente. Pero obviamente con los animales el enfoque debía de ser diferente: «Se confió en el hecho de que cuando los animales escuchan poco inesperado, tienden a mirar cerca de la fuente del sonido. Por lo tanto, predijimos que si podían procesar las reglas por las cuales nuestras secuencias estaban estructuradas, entonces deberían mirar cerca de el altavoz durante más tiempo a posteriori de las secuencias que violaron sus expectativas», continúa Watson.

Los resultados

Los resultados indican que las tres especies podían procesar fácilmente las relaciones entre los nociones sonoros adyacentes, pero asimismo pudieron entender las no adyacentes. «Si adecuadamente los titíes eran generalmente un poco más sensibles a los sonidos, no detectamos ninguna diferencia entre las dos especies en su capacidad para procesar dependencias no adyacentes», confirma Watson. Es por ello llegaron a la conclusión de que la capacidad para procesar los mecanismos de dependencia no adyacente está muy extendido en la comunidad de los primates. Adicionalmente, esto implica que «esta característica crítica del idioma ya existía en nuestros antepasados primates, antedicho a la progreso del idioma mismo, desde hace al menos 30 o 40 millones de abriles», afirma Townsend.

«Se han realizado experimentos similares en animales antiguamente. Sin bloqueo, presentamos los primeros datos que muestran que los chimpancés son capaces de procesar este tipo de secuencias acústicas. Esto es crucial porque, como nuestros parientes vivos más cercanos, las comparaciones con los chimpancés nos brindan información importante sobre nuestro pasado evolutivo fresco», afirma por su parte Watson. Es afirmar, llevamos millones de abriles compartiendo con los primates la capacidad de entender el contexto y la relación entre «palabras». O, al menos, entre sonidos.

Ver los
comentarios

#experimentación #con #monos #chimpancés #humanos #para #comprender #progreso #del #idioma

Leave a Comment