Finanzas

El diablo en los detalles

El diablo en los detalles
#diablo #los #detalles

JOSÉ RAMÓN ITURRIAGA

El gobierno parece que finalmente se ha puesto de acuerdo en los presupuestos que van a admitir al Congreso. Quizá esta sea la primera anomalía: en el interior del gobierno han tenido que negociar las líneas generales de los presupuestos generales del estado y hasta el extremo minuto no han sido capaces de cerrar el acuerdo. Y como si de un concurso de belleza se tratara, presidente y vicepresidente, ayer de su aprobación en el consejo de ministros, han tratado cada uno de apuntarse el tanto en la presentación a periodistas. Cosas de la nueva política que se parece mucho a la vieja en lo que a la construcción del relato se refiere, aunque en este caso tenga que disputarse los méritos en el interior del propio gobierno.

Por el momento no se conoce toda la verso pero de lo que ha contado la ministra de Hacienda en la rueda de prensa tras el consejo de ministros se pueden sacar algunas conclusiones. Lo que más sorprende es el enorme aumento del compra. Y que el objetivo de pasivo para el año que viene presentado en Bruselas sea de casi el 8% y por allí nadie haya sobresaliente la ceja. Sin duda esto es lo que les define. Porque por el flanco de la subida de impuestos hay más ruido que nueces.

Los presupuestos de 2021 suben el diesel, el IVA a las bebidas azucaradas, el IRPF y patrimonio a las rentas altas -pero menos de lo que tenían previamente sensato en el pacto de sesión PSOE y Podemos-, bajan las exenciones a empresas y las aportaciones a planes de pensiones para percibir poco menos de 2.000 millones de euros lo que puesto en perspectiva es ridículo.

De hecho es sobrado menos que lo que supone la polémica subida de sueldos a los funcionarios. El espesor del incremento de los ingresos, de acuerdo a lo que acaban de presentar, viene del comportamiento procíclico de las grandes partidas impositivas. Y ahí es probablemente donde está el principal aventura de estos presupuestos. Las asunciones son optimistas y los riesgos evidentes.

Por el flanco de los gastos, más allá de lo poco procedente que pueden resultar algunas partidas con la que está cayendo -pensiones y sueldos de funcionarios fundamentalmente-, el resto supone un incremento del compra y de la inversión sin precedentes. Y su impacto en la peculio va a servir de como se terminen concretando muchas de las partidas multimillonarias que hoy hemos conocido. Son epígrafes en los que bajo encabezados políticamente muy correctos junto a prácticamente de todo. Y probablemente ahí está la maduro oportunidad.

Presupuestos con una pátina progresista para vendérselos a su notorio, que han amagado más que poliedro por el flanco de las subidas impositivas y que suponen un incremento en el compra sin precendentes que tendremos que ver en que queda en lo que al crecimiento financiero se refiere.

Han desaprovechado una muy buena ocasión para hacer algún visaje con los sueldos o las pensiones. Y aunque haya sido más el ruido que las nueces, amagos como el de la intervención del precio de los alquileres o la cesión de última hora en la tributación mínima de las socimis del beneficio no distribuido hacen un escuchimizado patrocinio a la tan necesaria seguridad jurídica. Para atraer a la inversión extranjera, no puntada a posteriori de muchas idas y venidas con terminar siéndolo, hay que parecerlo.

No ha sido la peor lectura de presupuestos a los que nos podríamos suceder enfrentado pero distan mucho de ser buenos. El diablo más que nunca en los detalles.

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