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El Bundestag se pone (por fin) la mascarilla

El Bundestag se pone (por fin) la mascarilla
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Rosalía SánchezRosalía Sánchez

La entrada para periodistas en el Bundestag está situada en la porte finalidad y siempre sopla allí un rumbo que amenaza con apropiarse la mascarilla que, desde hoy, hay que ponerse ayer de aceptar a la sede parlamentaria. Como es el primer día en que el adminículo contra el coronavirus es obligatorio en el edificio y seguramente para hacer la medida más simpática, ofrecen al conservarse una desechable con el logo del viejo símbolo de la democracia alemana. A la salida, hay contenedores especiales en los que el visitante puede deshacerse de ella.

El motivo de la nueva norma es que el distrito de Mitte, el extrarradio ministerial de Berlín, registra ya 57 infectados por cada cien mil habitantes, cuando el periferia que considera el Gobierno germánico es de 50. Hasta ahora solo existía una «recomendación» de usar protección lingual y nasal, que el presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, estableció en una comunicación interna a principios de septiembre. Ahora será obligatoria en todas las salas, incluida la sala de plenos, las salas de reuniones y las salas de conferencias, explica el ujier, y aun así se observan notables excepciones. «No es necesario llevarla en la tribuna de oradores, incluso pueden usarla a su cordura los presidentes de la sala y, en las salas de conferencias, incluida la sala de plenos, la máscara se puede quitar si se está sentado a menos a 1,50 metros de distancia de otras personas. Por otra parte, claro está, en el despacho».

En Berlín no se lleva mascarilla por la calle ni comiendo en restaurantes, aunque sí es obligatoria en el interior de comercios. Los cajeros de la gran esclavitud de supermercados Kaufland siguen sin llevarla y en muchas empresas siquiera era hasta ahora obligatoria porque los médicos de los sindicatos han hecho conllevar los perjuicios de su prolongado uso, superiores a menudo al peligro de contagio en entornos en los que se respeta la distancia de seguridad. El hecho de que hasta ahora no existiese la obligación de admitir mascarilla e el Bundestag, explica su presidente Schäuble, una cuestión de saco jurídica. «Las regulaciones de los estados federales, en este caso Berlín, sobre el requisito de mascarillas en el transporte notorio y oficinas administrativas, no se aplican al Bundestag germánico. Prima el artículo 38, párrafo 1 de la Ley Fundamental, que establece, entre otras cosas, que los parlamentarios solo están sujetos a su conciencia y no a órdenes o instrucciones, por lo que solo se había emitido una recomendación, no una obligación». Esa recomendación, adicionalmente de las instrucciones de uso, incluía un párrafo en el que se advertía que, luego de solo 30 minutos con una mascarilla sobre la boca y la napias, hay un «aumento significativo de los niveles de CO2 en la matanza».

Castigos económicos

«Muchos en el plenario no se adherían a la recomendación», acusa la diputada de Die Linke (La Izquierda) Anke Domscheit-Berg, «y eso tiene un objeto simbólico en el exógeno. Si queremos que grandes sectores de la población usen una máscara donde sea sensato u obligatorio, nosotros, como políticos, tenemos que dar un buen ejemplo. Si la muchedumbre enciende la televisión y solo ve a un puñado de miembros del Parlamento con máscaras faciales, no es un buen maniquí a seguir. Por esta razón, sí, estoy de acuerdo con la norma», justifica. Karl Lauterbach, versado en lozanía del SPD, incluso aboga por la mascarilla obligatoria.

«En términos de ser un maniquí a seguir, por supuesto es cuestionable no usarla», dice, aunque coincide con los expertos que asesoran al gobierno germánico en que lo que verdaderamente evita los contagios es la distancia. En el Bundestag solo se llevan a parte votaciones nominales, de modo que asiste solamente una tercera parte de cada montón parlamentario y dos de cada tres asientos en el pleno quedan libres. «En sagacidad de las distancias que se mantienen en el pleno, el salero acondicionado que hay allí, la valor de la sala, y el hecho de que allí no hay conversaciones intensas entre los diputados, ha venido siendo defendible asistir sin mascarilla», explica Lauterbach, «pero podemos hacer una distinción entre seguridad y maniquí a seguir».

Las infracciones a la orden de mascarilla obligatoria pueden ser sancionadas con una multa de hasta 25.000 euros, confirma el personal de la distribución del Bundestag. «No creo que lleguemos a ese extremo», defiende Schäulble a los diputados alemanes, «aquí todos son respetuosos con la ley y con la seguridad». «Al menos mientras estén aquí las cámaras de televisión», añade zorro un repartidor que cede paso a la delegación del sector turístico que acude hoy a presentar su difícil situación frente a el parlamento germánico.

En Berlín se han producido 288 contagios en las últimas 24 horas y desde el inicio de la pandemia han muerto 231 personas a causa del virus.

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