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El BCE redobla su presión y la banca asume que las fusiones son necesarias

El BCE redobla su presión y la banca asume que las fusiones son necesarias
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Daniel CaballeroDaniel Leal

El anuncio notorio de las negociaciones entre Caixabank y Bankia es más una revelación formal que sustancial. Cuando la novedad llegó a la Prensa y a la Comisión Franquista del Mercado de Títulos (CNMV) vía hecho relevante la operación estaba ya tan encarrilada que al punto que harán desidia unas semanas para que fructifique. Todo está dispuesto para un principio de acuerdo, y que el resto sientan el aliento de los reguladores para hacer lo propio. La presión, si cerca de, viene ahora con más fuerza tanto desde en el interior como desde fuera del sector financiero. Una pareja ya se ha recostado a la pista de bailete y la música está sonando a la aplazamiento de que otros decidan sumarse a la fiesta. El sector, según las fuentes consultadas, ya ha asumido que tendrá que acaecer más movimientos.

El Sotabanco Central Europeo (BCE), el Sotabanco de España y la Asociación Española de Banca (AEB) dan a entender por activa y por pasiva que el camino de «Caixabankia» –no se llamará así a futuro, a la aplazamiento de lanzarse nombre– es el correcto para enfrentarse a las amenazas, que no son pocas, que se ciernen sobre la banca. Sin confiscación, no todas las instituciones presionan en notorio tanto como el BCE de Christine Lagarde y Luis de Guindos. Especialmente, por obra y gracejo de este segundo en lo que se refiere a España.

De Guindos, segundo de abordo del BCE, parecía intuir –más admisiblemente retener– que poco estaba por anunciarse cuando esta semana dijo que Europa necesita fusiones urgentes y rápidas. Esas palabras en la banca se entendieron a la primera y hubo incluso quien se molestó en alguna entidad por que se inmiscuyera en exceso en los negocios privados, dicen fuentes financieras. Era la primera vez que De Guindos hablaba en términos tan rotundos y duros sobre lo que recomienda, entre comillas, a los bancos. Pablo Hernández de Cos, director del Sotabanco de España, no tardó en reunir el informante de su «dirigente» a nivel de la Eurozona, pero fue mucho más cauto en sus expresiones. Fusiones, sí, pero el supervisor tiene que verlo con un poco de distancia.

La terminación del pastel llegó cuando José María Roldán, presidente de la AEB, la patronal bancaria, ni siquiera criticó al BCE por instar a la concentración con esa alegría. Cerca de rememorar que Roldán hace escasos meses dijo en TechnoMiz que el supervisor no debía embellecer ni entorpecer las fusiones. Ahora el discurso de la patronal del sector ha evolucionado. Prueba de ello son las palabras de Roldán esta semana, alineadas con las de De Guindos: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno».

La presión desde el martes no dejó de ir en aumento. Y el punto clave llegó el viernes, amaneciendo con la fusión de Caixabank y Bankia sobre la mesa. Fuentes financieras explican que la presión ahora no está tanto sobre la banca mediana –que todavía– sino sobre dos entidades concretas de maduro tamaño: BBVA y Sotabanco Sabadell. De hecho, este segundo se disparó en Bolsa al vallado de semana porque el mercado estaba descontando que necesariamente tendría que ser el subsiguiente en despabilarse una integración. No será ni urgente ni rápida en el caso de la entidad catalana, pero la puerta está muy abierta a valorar todo tipo de operaciones; Sabadell ha recibido admisiblemente la presión y prefiere esperar en el muy corto plazo.

En el supuesto de BBVA los expertos consultados dan a entender que todo puede acatar de cómo le vaya en los mercados emergentes en los que está presente –México y Turquía principalmente– a nivel político y respecto a la crecimiento del negocio por el Covid-19. En el caso de Sotabanco Santander, la tranquilidad de momento impera en su cúpula; no están en el tema de las fusiones. Y Bankinter las rechaza de plano. Los bancos de último tamaño como Liberbank, Abanca, Unicaja, Kutxabank… todos están dispuestos a estudiar el mercado a medio plazo.

Los ratios de solvencia y solvencia son sólidos en la banca española; el BCE y la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) tienen claro que ahí no está el problema. Las dificultades van más por la rentabilidad. Los ROE de la banca española siguen en un dígito por la parte pérdida y los inversores llegan a demandar doble dígito. Unos inversores, por otra parte, que no ven ningún atractivo para entrar en los bancos en presencia de la recomendación-prohibición de repartir dividendos. En este extremo veto, según fuentes financieras, sí que coinciden todos los bancos en que debería dejarse maduro beneficio a las empresas para lanzarse su política de remuneración al asociado. Los bancos se han dejado entre un 35% y un 70% de cotización en lo que va de año –descontando el tremendo retroceso tras anunciarse la fusión de Caixabank y Bankia –, y sin dividendos ni perspectivas de crecimiento, emplazar por el sector en Bolsa no es atractivo.

Aun así, más allá de la rentabilidad, las fusiones son una guisa de defensa en presencia de los mercadería del Covid. Buena parte de la fusión anunciada entre el tercer y el cuarto asiento gachupin va por ahí, en rebusca de acrecentar su posición. Y porque Bankia tiene su trayecto más admisiblemente rendido: no puede crecer más en España, no tiene una política de expansión internacional y el Gobierno quiere buscarle una salida a la entidad como sea. Aun así, hay voces que apuntan a que la unión se comercio más de una «anexión» en presencia de problemas que podría afrontar Bankia en el futuro por riesgos que tiene a nivel interno, tanto en el negocio, como en su cuenta de resultados, como en los procesos judiciales.

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