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el agua de la lluvia puede mover montañas

el agua de la tempestad puede mover montañas
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Desde pequeños nos han enseñado que los ríos erosionan el paisaje, creando valles, desfiladeros y cañones. Pero los científicos llevan abriles pensando que quizá el agua de la tempestad además perfila la silueta de la naturaleza, moldeando a voluntad las montañas y elevándolas aún más. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Bristol (Inglaterra) publicado en « Science Advances» ha hallado evidencias para respaldar esta teoría, calculando de forma precisa el impacto de las gotas en las grandes formaciones rocosas.

Tomando como narración las cadenas montañosas del Himalaya, los investigadores han comparado la petrografía de la zona con el histórico de precipitaciones. Adicionalmente, a partir de estos datos, se pueden crear modelos para admitir a agarradera pronósticos del posible impacto del cambio climático en los paisajes o su relación con la actividad volcánica.

«Puede parecer intuitivo que la tempestad pueda dar forma a las montañas al hacer que la crecida de los ríos tenga más fuerza para rozar las rocas. Pero los científicos además han creído que la tempestad misma puede rozar un paisaje lo suficientemente rápido como para “succionar” las rocas de la Tierra, lo que, efectivamente, levanta montañas muy rápidamente», explica Byron Adams, miembro de la Royal Society Dorothy Hodgkin Fellow en el Instituto Cabot para el Medio Concurrencia de la universidad, y principal autor del estudio. «Ambas teorías se han debatido durante décadas porque las mediciones necesarias para probarlas son muy complicadas. Eso es lo que hace que este descubrimiento sea un avance tan emocionante, ya que apoya firmemente la teoría de que los procesos atmosféricos y terrestres sólidos están íntimamente conectados».

Utilizando relojes cósmicos

El estudio se basó en el Himalaya central y uruguayo de Bután y Nepal, ya que esta región se ha convertido en uno de los paisajes más muestreados. Adams, cercano con colaboradores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) y la Universidad Estatal de Louisiana, utilizó relojes cósmicos en el interior de granos de arena para determinar la velocidad a la que los ríos erosionan las rocas bajo de ellos.

«Cuando una partícula cósmica del espacio exógeno llega a la Tierra, es probable que golpee granos de arena en las laderas mientras se transportan en torno a los ríos. Cuando esto sucede, algunos átomos en el interior de cada granazón de arena pueden transformarse en un sujeto raro. Contando cuántos átomos de este sujeto están presentes en una bolsa de arena, podemos calcular cuánto tiempo ha estado allí y, por consiguiente, lo rápido que se ha erosionado el paisaje», aclara Adams.

Un maniquí único con múltiples aplicaciones

Una vez que se tienen las tasas de rozamiento de toda la cordillera, se pueden comparar con las variaciones en la irresoluto del río y las precipitaciones. Sin retención, cruzar los datos es una ardua tarea. Para excluir este escollo, el equipo combinó técnicas de regresión listado cercano con modelos matemáticos. «A pesar de que probamos con muchos modelos, solo uno pudo predecir con precisión las tasas de rozamiento reales -afirma Adams-. Este nos permitió por primera vez cuantificar cómo las lluvias afectan las tasas de rozamiento en terrenos accidentado».

Kelin Whipple, profesor de petrografía en ASU, y colaborador en el estudio, apostilla: «Nuestros hallazgos muestran lo importante que es tener en cuenta la tempestad cuando se evalúan patrones de actividad tectónica utilizando la topografía, y además brindan un paso esencial para enfrentarse la tasa de deslizamiento en las fallas tectónicas pueden ser controladas por la rozamiento en la superficie impulsada por el clima». Adicionalmente, este estudio tiene implicaciones importantes para la trámite del uso de la tierra, el mantenimiento de la infraestructura y los peligros en el Himalaya.

Los descubrimientos además sugieren que una viejo cantidad de tempestad puede socavar las laderas, aumentando el peligro de flujos de escombros o deslizamientos de tierra, algunos de los cuales pueden ser lo suficientemente grandes como para represar el río y crear un nuevo peligro: las inundaciones repentinas. Por otro banda, esta metodología puede servir para arrojar luz sobre los procesos volcánicos. «Con nuestras técnicas para determinar las tasas de rozamiento y las propiedades de las rocas, podremos comprender mejor cómo los ríos y los volcanes se han influenciado mutuamente en el pasado», señala Adams.

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