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El agridulce triunfo de la comandante Villalobos

El agridulce triunfo de la comandante Villalobos
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R. Ventureira

La cuarta elegancia de «Master Chef» fue un carrusel de emociones para tres aspirantes: Ainhoa Arteta, a la que un reproche del cuerpo hizo rezumar; Raquel Sánchez Silva, que se convirtió en la cuarta expulsada tras un inicio muy prometedor; y Celia Villalobos, que comandó a un equipo triunfador pero ni siquiera lo celebró.

La perplejidad empezó con seis grandes frigoríficos, perfectamente alineados, recibiendo a los aspirantes. Tras sus puertas se escondían los productos con los que tuvieron que hacer el primer cocinado. Procedían –eso al menos dijeron los chefs– de pisos de estudiantes. Hubo bloques de ingredientes diferentes para los 13 concursantes que quedaban a esas cielo. A Perico Delgado, en su condición de triunfador de la susodicho prueba en exteriores, le tocó hacer el reparto. Pero el triunfador del Tour no hizo uso de ese privilegio para para perjudicar o beneficiar a nadie: fue del todo salomónico, eligió lo suyo y el resto lo repartió a suertes. Adicionalmente, todos ellos dispusieron de una cesta con productos básicos.

Cocina de supervivencia

Se trataba, en definitiva, de practicar la llamamiento «cocina de supervivencia». La que se ejecuta en esos pisos universitarios en los que manducar es una actividad secundaria, y donde el plato más recurrente es, como escribió Diego Ameixeiras, el suculento «arroz a la fresquera».

Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo-Nágera exigieron, no obstante, elaboraciones que exprimiesen al mayor esos productos de desecho, pues los aspirantes ya llevan un mes en las cocinas de «MasterChef Celebrity» y el tabla ya ha subido unos cuantos brazos del suelo tras las expulsiones de David Fernández, Melanie Olivares y Jesús Castro. La actriz Yolanda Ramos, villa clasificada en la cuarta publicación de «MasterChef Celebrity», sazonó con humor ese primer cocinado.

El cazón de Laura Sánchez resultó un fracaso: «Sabe al agua sucia que viene con los garbanzos«, lamentó Samantha. El steak de la Terremoto de Alcorcón, igualmente: «No se puede manducar», sentenciaron los chefs. «Malo, malo, malo», criticó la chef la propuesta de Gonzalo Miró.

En la zona tibia quedaron Perico Delgado, que no supo dar buena compañía a una sepia; los tallarines de Juan José Ballesta; la combinación de pasta, merluza y mejillón que ofreció Raquel Meroño; las patatas a la importancia de Lucía Dominguín, el salmón de Josie y las alcachofas de Ainhoa Arteta.

Aunque dejó la cocina hecha un desastre, Raquel Sánchez Silva bordó una pasta con pernil crujiente: «El plato tiene un saborazo, y está muy rico», exaltó Jordi. «Es un plato muy perfectamente hecho», elogiaron los chefs el panecillo de Nicolás Coronado. «Está muy rico», aplaudieron Jordi y Pepe unánimente el ravioli relleno de curry de Celia Villalobos, que hace lo que Yolanda Ramos vehemencia «comida de raíz». Flo triunfó con una enredo con bacon, salchicha y otros nociones: «Está tan perfectamente hecha que no parece ni tuya», juzgó Pepe.

La medalla de oro de la prueba se le concedió a Celia. De este modo, accedía por primera vez a una capitanía. En mal momento…

Delirio a La Alcarria

«Hace», era lo que decía Camilo José Cela cuando le proponían hincar el diente a un plato de su paladar. Forzoso recapacitar esa frase, y al postrer Premio Nobel de Humanidades nacido en España, hexaedro el situación de la prueba de exteriores: La Alcarria (Guadalajara).

Los aspirantes tuvieron que cocinar para 70 invitados en el Convento del Carmen (Pastrana) dos menús campestres diseñados por Pepa Muñoz, chef del restaurante «El Qüenco de Pepa», que supervisó el proceso de elaboración.

Celia, como ganadora de la prueba susodicho, eligió a su equipo, que esta vez fue el del color de su partido, el celeste. Seleccionó a Flo, Lucía Dominguín, Laura Sánchez, Ainhoa Arteta, La Terremoto de Alcorcón y Gonzalo Miró. Anchoas frescas y saeta de ternera con mini tubérculos eran sus retos culinarios.

En el rojo, Raquel Sánchez Silva se quedó con Juanjo Ballesta, Josie, Pedro Delgado y Nicolás Coronado. Eligió cocinar rebozuelos con migas, manzana, sidra y trufa, por otra parte de una tarta de albérchigo como postre.

Para que el estrés en el cocinado fuese aún decano, los equipos tenían que sentar a dos de sus miembros en el banquillo. Los relevos, que decidían los capitanes, fueron ilimitados, hasta que, vanguardia la prueba, se suprimieron y todos pudieron ponerse en presencia de los fogones.

El desafío de exteriores demostró que hay maneras muy diferentes de mandar.

Por un banda tuvimos el liderazgo tranquilo pero absorto de la periodista Raquel Sánchez Silva. Determinado dirá, no sin razón, que eso no es ni mandar.

Por la otra margen, el estilo marcial de Celia Villalobos, que en su primera capitanía repartió gritos por doquier y movió tanto el banquillo que aquello parecía un hervidero. Lucía Dominguín, La Terromoto de la Alcorcón y Flo le reprocharon los decibelios. Y la hermana de Miguel Bosé cuestionó igualmente su uso, y tropelía, de los relevos. Quedó claro que la ex alcaldesa de Málaga y ex ministra de Sanidad tiene piel fina a la hora de acoger críticas. Ve en ellas incluso movimientos para moverle la apero: «He vivido tanta agua subterránea que ya no», analizó, en lo que pareció un mensaje a Lucía Dominguín. Adicionalmente, Ainhoa Arteta entendió en un momento hexaedro que la andaluza la estaba minusvalorando: «No soy ningún imbécil ni ninguna tonta en la cocina», se defendió. Luego pidió perdón a Villalobos porque esta equivocada interpretación. Pero la tensión ahí quedó.

El equipo rojo fracasó: presentó un primer plato seco (rebozuelos con migas) y un postre duro y crudo (tarta de albérchigo). El chef Pepe Rodríguez criticó la escasa participación de Juanjo Ballesta, Josie y Perico Delgado; el cocinado de Nicolás («horrorosas las migas») y la capitanía de Raquel Sánchez Silva («desastrosa»).

El equipo celeste cocinó un gran entrante (anchoas frescas) y un buen segundo plato (saeta de ternera). Fue el claro triunfador, pero este triunfo no hizo oportuno a a Villalobos, muy dolida por lo que entendió una yerro de apoyo generalizada: «He intentando coordinar un equipo de divos, y eso es muy difícil, y al final no he podido». «No me he sentido respaldada. He sentido que no era mi equipo», lamentó la capitana, quien permaneció casi inmutable mientras el resto del equipo celebraba la vencimiento. En la primera elegancia, la ex política dijo que había llorado en manifiesto por primera vez. En La Alcarria, en la cuarta elegancia, volvió a hacerlo.

La otra cara del triunfo del equipo celeste la mostró Flo: podrá presumir en presencia de su amigo Santiago Segura, con el que tiene un simpático pique, el poseer sido preferido como el mejor en una prueba.

La fuerte intrepidez de Flo

En el desafío de matanza, a los delantales negros se les concedieron 60 minutos para replicar una elaboración con el paté como ambiente central.

Flo, el mejor en exteriores, vistió ese delantal. Así fue porque así lo quiso. Estaba en la túnel, pero en su condición de nuevo triunfador se le pidió que tomase dos decisiones. Una, positiva: liberar a un delantal enojado. Otra, comprometida: nominar a uno de los delantales blancos para que participase en la prueba de matanza. Altruista, optó por desmontar él. Y subió a Nicolás Coronado.

Debajo, se formaron dos equipos. El capitaneado por Flo, con Perico Delgado y Juanjo Ballesta, tuvo que realizar un paté de perdiz, Pedro Ximénez y nuez Moscada. La otra escuadra, con Josie al mando, la integraron Raquel Sánchez y Raquel Meroño: elaboraron paté de campaña, Oporto y pimienta verde.

Se les concedieron dos minutos a los capitanes para memorizar la fórmula antaño de asomar y, para ponerlo aún más complicado, tuvieron que cocinar por relevos. Se decidió que el orden fuese el subsiguiente: por un banda, Juanjo Ballesta, Perico y Flo; por el otro, Josie, Raquel Meroño y Raquel Sánchez. Supervisó el cocinado la más veterana de la última publicación de «MasterChef», Juana, que fue portera de un edificio donde en su día residió Josie, que la recibió con lágrimas.

Juanjo Ballesta dejó muy innovador el trabajo de su equipo, que Perico supo continuar y al que Flo puso una perfecta broche final. «Rico», coincidieron en su entendimiento Pepe y Samantha, que perdonaron el exceso de gelatina y que el resultado fuese un tanto potingue.

Josie, tan fino él, sufrió con el olor de los higadillos. Raquel Meroño cocinó a tan buen ritmo que llegó a estar parada, en zona de avanzar el trabajo de la subsiguiente Raquel. Habría acertado, puesto que su tocaya sufrió para cuajar su gelatina de Oporto. Les quedó muy puro. Se reprochó a Meroño que no adelantase la gelatina y a Josie no seguir la fórmula marcada. El resultado fue el esperado: equipo perdedor.

El adiós de Raquel Sánchez Silva

Entre ellos tres quedó el cuarto billete de salida de esta publicación. De mediador ejerció un plato de huevo en víctima temperatura con patatas y pernil serrano. Dicho así parece sencillo, pero se trataba de una fórmula con muchas elaboraciones de Jordi Cruz.

Raquel Meroño quemó las migas y tuvo que hacer más. Cocinó con muchos histerismo, y el plato tenía sus defectos, pero estaba bueno. Como bueno estaba el de Josie, con unas migas «que te mueres», elogió Samantha.

Raquel Sánchez Silva dejó la papa cruda y presentó un huevo que sabía a vinagre y migas para detener un tren. Su plato lo bautizó «Foto Finish». Y fue su «The End».

Se despidió entre lágrimas y con muy buenas palabras: «Quiero daros las gracias por haberme acogido. Voy a poder entender mucho mejor a los concursantes. Ha sido una oportunidad increíble. Volvería a todas las ediciones, si queréis que venga. Me he sentido fenomenal». «Vuestras críticas han sido preciosas al banda de otras que he tenido. He aprendido mucho. Para mí era muy importante no estropearse, a mí, y no fallaros a vosotros», añadió. Mejor despedida, inasequible.

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