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Diez razones para ser realistas sobre la vacuna de COVID-19 y no esperar un milagro

Diez razones para ser realistas sobre la vacuna de COVID-19 y no esperar un fenómeno
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Actualmente hay más de 150 vacunas candidatas en incremento en el mundo, por lo que es posible que en algún momento aparezca una lo asaz efectiva como para frenar el número de contagios. Aunque sea parcialmente.

Sin requisa, aunque hay señales para ser entusiastas, no hay garantías de que se vaya a encontrar en un futuro cercano una vacuna lo suficientemente buena como para detener la pandemia. Por este motivo, contemplar todos los posibles escenarios y tener en mente un plan B en el que no haya vacuna es un control necesario de responsabilidad y transparencia.

Lamentablemente, si de poco podemos estar casi seguros en esta pandemia es de que este coronavirus ha venido para quedarse.

Crear la falsa esperanza de que vamos a contar en breve con una vacuna o tratamiento efectivo contra la COVID-19 puede ser un alma de doble filo que podría causar una gran chasco si las expectativas no se cumplen. Anuncios que aseguren que tendremos una vacuna este año pueden suscitar desconfianza en la población si no se alcanzan los plazos prometidos.

Por otro flanco, un exceso de optimismo podría crear una sensación de falsa seguridad y dar ocupación a una laxitud de las medidas de prevención y control del virus que sí se han demostrado eficaces para evitar su propagación.

No hay duda de que las vacunas son uno de los grandes avances de la historia de la humanidad y la mejor forma de avisar y achicar las enfermedades infecciosas. De hecho, la Estructura Mundial de la Lozanía estima que evitan de 2 a 3 millones de muertes al año.

Gracias a las vacunas se ha conseguido erradicar una enfermedad tan perjudicial como la viruela y poner al borde de la acabamiento una dolencia tan temida y contagiosa como la poliomelitis. Por ello, no es de desconcertar que al oír la palabra

«A ver si sacan la vacuna ya y termina todo esto» es una de las frases más escuchadas de la pandemia. La gentío está cansada de conducirse con miedo y no poder salir a la calle con tranquilidad. Por ello, el hallazgo de un vacuna contra la COVID-19 que ponga fin a la crisis es una esperanza con la que sueñan miles de personas.

A ver si sacan la vacuna ya y termina todo esto es una de las frases más escuchadas de la pandemia. La gentío está cansada de conducirse con miedo y no poder salir a la calle con tranquilidad. Por ello, el hallazgo de un vacuna contra la COVID-19 que ponga fin a la crisis es una esperanza con la que sueñan miles de personas.

vacuna” pensemos que será la posibilidad perfecta para la COVID-19.

Una vacuna se podría fijar como «cualquier preparación destinada a crear inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos». Sobre el papel, desarrollar un candidato parece poco sencillo, pero a la hora de ponerlo en destreza es un proceso mucho más enredado.

El incremento de vacunas presenta muchos desafíos para alcanzar que sean seguras y efectivas, y este caso no es una excepción. Por ello, es importante conocer las limitaciones y problemas que se pueden encontrar para no caer en un exceso de confianza en su efectividad y plazos de entrega.

Estas son diez de las múltiples razones por las que hay que ser realistas y no esperar que aparezca una vacuna milagrosa que nos disponible de esta pandemia de forma inmediata.

1. Las prisas no son buenas

El proceso común para hacer una vacuna es de entre 10 y 15 abriles. No se puede esperar tener una perfecta en menos un año y que nos permita retornar automáticamente a nuestra vida aludido.

Por ejemplo, el acortamiento que estamos viendo de la etapa de investigación preclínica en la que se estudia la vacuna en cultivos celulares y en animales es poco inusual y un refleja de la emergencia por dar con la vacuna.

2. Tiene que proteger en humanos

Es realizable de aseverar, pero es donde la mayoría de los candidatos suele estropearse. Una vacuna puede estar muy adecuadamente diseñada, ser segura, proteger al 100 % en modelos animales e inducir una respuesta inmune robusto y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo del esperado cuando se prueba en humanos.

3. Querer no siempre es poder

En 1984, cuando se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como el responsable de la pandemia de sida, la secretaria de sanidad y servicios humanos de Estados Unidos declaró que la vacuna estaría adecuado en un plazo de 2 abriles. Hoy, 36 abriles a posteriori, todavía no hay vacuna.

El incremento de vacunas no siempre da frutos. Aunque comparar el VIH con este nuevo coronavirus no sea lo más acertado porque son muy diferentes, hay veces en las que –por mucho que se busque– no se encuentra la guisa de desarrollar una vacuna efectiva.

De hecho, aunque hay buenos candidatos a vacuna con resultados prometedores en modelos animales, hasta el momento no hay ninguna vacuna adecuado para ningún de los otros coronavirus que afectan a humanos.

Las razones son múltiples, desde desatiendo de interés comercial hasta la observación de bienes adversos en los diferentes estudios. La buena notificación es que sí hay vacunas disponibles frente a diferentes coronavirus que infectan a animales.

Hoy es ya un hecho que personas que pasaron la enfermedad pueden volver a contagiarse
Hoy es ya un hecho que personas que pasaron la enfermedad pueden retornar a contagiarse

4. Enseres adversos

Las vacunas, al igual que cualquier medicamento, pueden provocar bienes secundarios. Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los investigadores es la potenciación de la infección dependiente de anticuerpos, más conocida como ADE.

Se negociación de una reacción no deseada en la que la engendramiento de anticuerpos frente a un agente infeccioso, por ejemplo usando una vacuna, da ocupación a síntomas mucho peores. Esto se traduce en que la enfermedad se vea potenciada en caso de infección por el virus.

Los mecanismos de ADE son aún muy poco conocidos y la buena notificación es que es asaz infrecuente. Se ha descrito frente al virus respiratorio sincitial y el del dengue. La mala notificación es que además se ha descrito en otros coronavirus, como el virus de la peritonitis infecciosa felina, y coronavirus que infectan a humanos, como los responsables del SARS y el MERS.

Por lo tanto, la posibilidad de que se produzca ADE es una preocupación positivo y se está evaluando activamente en las distintas fases de incremento. Principalmente en la etapa 3, donde participa un número considerable de voluntarios.

5. Producción a gran escalera

Uno de los principales retos que nos encontraremos si se obtiene una vacuna efectiva contra el coronavirus será su producción masiva a gran escalera para que llegue a la viejo parte posible de la población mundial.

Estamos hablando de producir miles de millones de dosis. Eso sin tener en cuenta que muchas de las vacunas en estudio requieren de dos dosis por individuo. Por otra parte, otro problema añadido sería producir masivamente dosis suficientes sin afectar la producción de otras vacunas importantes.

6. Distribucción de la vacuna

Imaginemos que se consigue desarrollar una vacuna efectiva contra el SARS-CoV-2 y se consigue producir a gran escalera. El próximo problema sería su entrega válido a miles de millones de personas en el mundo. De falta sirve tener una vacuna si no llega al becario final.

Conseguir una distribución mundial válido plantea importantes problemas logísticos. Las empresas fabricantes de vacunas, los gobiernos de distintos países y las empresas de transporte deberían trabajar coordinadamente y ponerse de acuerdo.

Por lo común, la mayoría de vacunas deben mantenerse refrigeradas a una temperatura de entre 2 °C y 8 °C. Por esta razón, uno de los principales retos a aventajar consistiría en no romper la sujeción de frío. Este problema podría agravarse, porque hay candidatos a vacuna que requieren una sujeción de ultrafrío con temperaturas cercanas a -70 °C.

7. La inminidad natural puede durar poco

Durante meses han circulado anuncios de posibles reinfecciones desde distintos lugares del mundo. Hoy es ya un hecho que personas que pasaron la enfermedad pueden retornar a contagiarse. Esto es poco relativamente habitual en enfermedades infecciosas. De hecho, no existe ninguna enfermedad virulento respiratoria descrita en la que no se produzcan reinfecciones.

Una posible explicación sería que, al igual que para otros coronavirus que infectan a humanos, la presencia de anticuerpos va desapareciendo paulatinamente en el transcurso de unos pocos meses a posteriori de la infección.

El principal problema de las reinfecciones es que, a pesar de que las vacunas suelen desarrollar una respuesta inmune más robusto que la infección natural, los resultados esperables no serían los mejores si ya se sabe de antemano que la inmunidad natural es poco duradera.

Aunque aún desatiendo por ver el papel que juega la respuesta celular en las vacunaciones y su relevancia en la protección frente a infecciones, todo parece indicar que muy probablemente habría que retornar a vacunarse cada cierto tiempo.

8. La existencia es lo importante

Un desafío para esta vacuna es que las personas de descubierta existencia son más susceptibles a la infección y conllevan un aventura particularmente parada de enfermedad molesto o perjudicial.

Por ello, proteger a los adultos mayores de 60 abriles de la COVID-19 es una de las metas más importantes de los investigadores. El principal problema es que, a medida que vamos envejeciendo, nuestro sistema inmune se vuelve menos válido y las vacunas son menos eficaces.

9. Tecnología demasiado nuevo

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus débil, inactivado o simplemente componentes del virus que se producen y purifican en el laboratorio.

Sin requisa, muchos de los candidatos a vacuna que se están probando ahora en humanos están basados en tecnologías genéticas relativamente recientes. Son las conocidas como “vacunas genéticas”, las cuales pueden ser de ADN o ARN.

En este caso, en ocupación de inocular virus completos o subunidades del virus para inducir una respuesta inmunitaria como hacen las vacunas tradicionales, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, nos inyectarían directamente la parte del código hereditario virulento que contiene las instrucciones para elaborar la proteína de interés. Finalmente, nuestras células producirían esta proteína alertando al sistema inmunológico.

Las vacunas genéticas tienen muchas ventajas. Por ejemplo, un pequeño coste y la menester de una infraestructura de producción mucho más escasa. El principal problema es que hasta el momento no se ha comercializado ninguna para humanos, por lo que su competencia está aún por comprobar.

10. ¿Protección? Si pero parcial

Todo parece indicar que, en el caso de tener algún candidato exitoso, las primeras vacunas protegerían parcialmente frente a la infección, la inmunidad sería de corta duración y no funcionarían para todo el mundo.

Sin requisa, siempre es mejor tener una vacuna que funciona parcialmente que no tener ninguna. Sería muy útil para proteger a parte de la población y disminuir el ritmo creciente de infecciones. Por otra parte, al tener candidatos tan diferentes en incremento es posible que se pudieran cumplir distintos objetivos.

Por otro flanco, es posible que en un futuro más venidero se desarrollen vacunas más complejas que consigan mejores resultados.

Medidas básicas de protección frente al SARS-CoV-2. Empleo de Sanidad. Gobierno de España.

Normal del Ministerio
Natural del Empleo – Empleo de Lozanía

Respetemos las común del Empleo

En sinopsis, aunque el esfuerzo sin precedentes y los resultados preliminares puedan invitar al optimismo, la existencia puede ser muy diferente. Por ello, es necesario evitar caer en un exceso de confianza y contemplar todos los posibles escenarios.

Por extremo, es importante rememorar que hasta que la pandemia no remita es de vivo importancia respetar las medidas de protección sanitaria básicas que positivamente funcionan para evitar contagios:

Uso correcto de la mascarilla

Lavarse las manos frecuentemente con agua y detergente

Proseguir el distanciamiento social

Este artículo ha sido publicado origenialmente en THE CONVERSATION. ES. Autores: Jose M Jimenez Guardeño, Research Fellow, Unidad de Enfermedades Infecciosas, King’s College London. Ana María Ortega-Prieto, investigadora postdoctoral, King’s College London.

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