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de «Algunos hombres buenos» a «El juicio de los 7 de Chicago»

de «Algunos hombres buenos» a «El querella de los 7 de Chicago»
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Ernesto Rodriguez

En 1992, Estados Unidos pasaba por un momento complicado. Luego de su primer mandato, George H. W. Bush veía como una erradicación impopular, los principios de una recesión económica y una imagen de desconexión con la sinceridad marcaban su campaña. 28 abriles y tres presidentes luego, Donald Trump está en una situación similar. Es cierto que no es el rostro de un conflicto belicoso, pero si de una pandemia. En uno y otro casos, ha habido quien lleve a querella sus gestiones, al menos en el cine: Aaron Sorkin.

Dos dramas legales en los que el argumentista de piezas esencia del cine contemporáneo –como «La red social», o de series, como «El ala oeste de la Casa Blanca»– pone en tela de querella mucho más que a los acusados. Por un flanco está «Algunos hombres buenos» (1992), que utiliza los principios que deben regir a la óleo de Estados Unidos cómo punto central del conflicto entre el abogado naval Daniel Kaffee (Tom Cruise) y el despiadado coronel Nathan R. Jessup (Jack Nicholson). En el otro flanco está «El querella de los 7 de Chicago», en la cual el argumentista y director decide averiguar el alma del país en un peña de rebeldes que decidieron protestar contra la erradicación de Vietnam en 1968.

El honor en la óleo

La cinta de 1992 tiene un peso importante en la carrera de Sorkin: es su primer tema para cine. Basada en su propia obra de teatro, ya tenía varias de las características que se han vuelto marca de industria: diálogos rápidos y precisos, un idealismo afectado, la capacidad de revelar información solo en el momento exacto y, por supuesto, un uso de los monólogos que evidencia sus raíces teatrales.

Dirigida correctamente por Rob Reiner, «Algunos hombres buenos»aprovecha sus dos actuaciones principales para poner en frente su tema central: el choque entre el pragmatismo y la aprieto de prolongar nuestros principios. El Kaffee de Cruise, quien utiliza hasta la última grano de su carisma sin la aprieto de las acrobacias de «Tarea inútil» o los aviones de «Top Gun», poco a poco va aceptando la aprieto de tomar riesgos cuando es lo correcto. Lo hace guiado por la Joanne Galloway de Demi Moore, en el querella para defender a dos cabos acusados del crimen de uno de sus compañeros.

Más allá del inolvidable discurso con el que Jack Nicholson cierra el querella, aquel de «no puedes manejar la verdad», la película está llena de frases y diálogos memorables. Sean por como revelan la posición decente de sus personajes –como cuándo Cruise dice del código de honor de la óleo «le hace querer cascar a determinado»– o perfectamente el ego de Nicholson en su primer disputa –«desayuno a 400 yardas de 3000 cubanos entrenados para matarme»–.

Finalmente, «Algunos hombres buenos» señala como culpables del drama al Coronel Jessup, derrotado gracias a que el abogado defensor fue capaz de conseguir sus principios durante el querella. El despotismo de poder es el gran monstruo de la cinta y, aunque esa posición no ha cambiado demasiado, si parece que el argumentista tiene un poco menos de confianza en la posibilidad de vencerlo.

Sorkin dirigiendo a Sorkin

Hay dos grandes diferencias en cómo Sorkin aborda«El querella de los 7 de Chicago». La primera es que ahora incluso dirige, y eso le permite cotejar con herramientas de las que no disponía en su presentación. La cinta abre con un montaje tan veloz que parece sacado de lo mejor de Scorsese de los setenta y termina con un fundido a desfavorable que perfectamente se lo pudo tener robado a Steven Spielberg. Pese a todo, es complicado definirlo como director más allá de la imitación y de retener sacar buenas interpretaciones de sus actores.

La segunda es cómo se marca el idealismo del argumentista. Si en los noventa creía que con solo descubrir tus principios era suficiente, en esta nueva cinta acepta que en ocasiones estos pueden ser devorados por el sistema y los abusos (aunque haya que pelear por ellos). Es difícil retener qué provocó este cambio en el escritor: si el caso verdadero en que está basada la cinta, el absurdismo de la presidencia de Trump o tener trabajado en el camino con David Fincher.

Si en el tema de «Algunos Hombres Buenos» ponía a querella los abusos de poder, en «El querella de los 7 de Chicago» lo hace con las propias instituciones de Estados Unidos, señalando lo débiles que pueden ser cuando hay personas terribles ocupándolas (como el enjuiciador Julius Hoffman de Frank Langella) y como es responsabilidad de los ciudadanos defenderlas. Todo esto mientras gancho un ironía a las institución policial y su manejo de las situaciones de protesta. En una entrevista con «Entertainment Weekly» el director dijo que «la película no es sobre 1968, es sobre la hogaño», y se nota en su modo de presentar las protestas y a la Policía, más cercanas al Black Lives Matter que al movimiento hippie. Esto hace que el argumentista decida subrayar los componentes raciales de los abusos. Una de las imágenes más potentes del filme se encuentra en un trágico choque entre el enjuiciador de Langella y el Bobby Seale de Yahya Abdul-Mateen II, que causará que más de uno interrumpa la cinta para confirmar que ocurrió.

Por fortuna, los puntos más brillantes de Sorkin se han mantenido desde su primer tema. Los diálogos siguen siendo igual de rápidos y continúan siendo un cómplice consumado para revelar la personalidad de su personajes. El índice le ayuda. Apartando ese montaje del principio, la película perfectamente podría ser una obra de teatro con dos escenarios así que queda en manos de sus actores darle fuerza a sus palabras. Sea el Tom Hayden de Eddie Redmayne, el Abbie Hoffman de Sacha Baron Cohen o el William Kunstler de Mark Rylance. Los actores saben dar vida a los ideales revolucionarios de los sesenta, y Joseph Gordon Levitt muestra que se puede conseguir figuras con valía adentro de las instituciones.

En la carrera del Oscar

Donde Sorkin y Netflix posiblemente esperen que ambas cintas se diferencian es en su suerte en la temporada de premios. «Algunos hombres buenos» fue nominada a cuatro premios de la Corporación: mejor película, mejor actor de reparto, mejor publicación y mejor mezcla de sonido; pero se fue a casa con las manos vacías. De momento, aún no se sabe cuántas nominaciones obtendrá, si es que tendrá alguna. Pero su trama (al igual que la posición que toma al respecto) sumado a su índice ahíto de estrellas y la triunfo que se ha creado su director y argumentista, la posicionan como una de las grandes candidatas en un 2021 que presentará pocas opciones.

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