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¿Cuándo no habrá más remedio que confinarse por el Covid-19?

¿Cuándo no habrá más remedio que confinarse por el Covid-19?
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José María Martín Dorado

Cuando las medidas preventivas proactivas contra la pandemia de Covid-19 no dan resultado, ¿tiene sentido introducir medidas coercitivas para aminorar la condena de contagios? Veamos las circunstancias extremas que pueden alcanzar a evidenciar un nuevo confinamiento domiciliario poblacional.

Desde el primer momento hemos hecho hincapié en que todas y cada una de las personas en nuestra sociedad tenemos la responsabilidad de contribuir a contener la pandemia. Para ello debemos aplicar con firmeza las medidas de prevención de las 3M ( mascarilla; manos-higiene; metros-distancia) y evitar las 3C (lugares cerrados poco ventilados; concurridos; y contactos cercanos).

Por otro flanco, las autoridades debían minimizar la transmisión del coronavirus garantizando una buena red de sanidad pública y atención primaria, realizando pruebas diagnósticas ágiles y fiables (a partir de lo cual se aislarían los casos), y haciendo rastreos para identificar y seguir a los contactos (que deben seguir cuarentena).

A estas paraíso la incidencia acumulada y la mortalidad siguen una preocupante tendencia creciente. A la paciencia de una vacuna segura y eficaz, es necesario establecer medidas adicionales que minimicen la interacción social y que actúen en otros ámbitos de potencial aventura (como reducción de aforos o restricciones de camino en hostelería o lugares de ocio). Además resoluciones complementarias coercitivas como la «restricción de la movilidad por zonas», el «obstrucción perimetral» de municipios o el «toque de queda» (en este caso para realizar un severo control de la movilidad nocturna).

Adicionalmente, hay otra alternativa, que es aún más estricta, y que examinaremos: el confinamiento domiciliario de toda la población, ya sea tal y como lo vivimos en primavera o con algunos aspectos más laxos.

Marzo de 2020: el primer confinamiento de nuestras vidas

El confinamiento fue necesario en marzo cuando el tsunami del nuevo coronavirus asaltó a nuestra población y los servicios de atención médica se vieron desbordados.

En ese difícil contexto se aprobó de necesidad un Verdadero Decreto declarando el estado de sorpresa para la mandato de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19. El objetivo era aplanar la curva mediante un esfuerzo de colaboración social para evitar el colapso del sistema de sanidad. Eso no quería proponer que a la larga hubiera menos infectados, sino que no se acumularan todos a la vez. Adicionalmente, se trataba de obtener tiempo de cara a establecer sistemas de respuesta pandémica para suprimir la transmisión luego de la desescalada.

El confinamiento de primavera tuvo el sensación deseado en cuanto a que se aplanó la curva y se aplacó el choque auténtico. Sin secuestro, sabemos que afectó a la sanidad física y mental de la población, a la par que perjudicó a la posesiones. Esto tuvo un gran impacto en las poblaciones más vulnerables. Adicionalmente, la desescalada fue poco efectiva.

Por todo ello, se llegó al convencimiento de reservar el confinamiento (una medida rudimentaria, que ya se utilizaba hace siglos delante episodios epidémicos) para situaciones extremadamente justificadas. Lo susodicho fue defendido por las autoridades del Tarea de Sanidad y las Comunidades Autónomas que, en reunión del pasado 4 de noviembre, aprobaron equilibrar la lucha contra el Covid-19 en un documento de logística doméstico diseñado en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Doméstico de Salubridad.

El texto dejaba registro que descartaba el confinamiento domiciliario inminente. Lógicamente, no se hacía cita explícita a desecharlo por completo.

¿Cuándo puede que no tengamos más remedio que retornar al confinamiento domiciliario?

Los indicadores establecidos por Sanidad para valorar la situación incluyen dos bloques fundamentales. Uno refleja el nivel de transmisión del virus (incidencia acumulada, positividad y trazabilidad). El otro, valora la utilización de los servicios sanitarios (ocupación hospitalaria y de UCI). Todo según umbrales numéricos que aquí no detallaremos.

Sabemos que el termómetro que puede evidenciar el confinamiento es el colapso de la capacidad del sistema inodoro (reflejado en forma de ocupación máxima de camas de UCI y de hospital por enfermos de Covid-19, sin posibilidad de atender nuevos pacientes, de esta u otras enfermedades). Solo estaría justificado durante el tiempo estrictamente necesario para recuperar la capacidad de una público sanitaria con garantías básicas.

Las decisiones para alcanzar a ese punto deben ser correctamente fundamentadas y comunicadas. Se comercio de transmitir y comprender cuándo imponer el «confinamiento» personal, que igualmente implica el obstrucción de la actividad económica, y cuándo proceder a la «reapertura». Para ello es esencial la utilización de datos para lanzarse cuándo y dónde circunscribir los confinamientos, y cómo se toman y aplican las decisiones.

Si está justificado y se hace de forma apropiada, el confinamiento funciona. Hay estudios que señalan que esta medida puede alcanzar a aminorar la mortalidad entre un 31 y un 76 % y la incidencia de nuevos casos entre un 44 y un 96 %, según una nuevo Revisión Cochrane. Las medidas parecen ser más eficaces y menos costosas cuanto antiguamente se inicien.

Antaño de continuar, un apunte: las Revisiones Cochrane surgen de una prestigiosa ordenamiento sin humor de interés que reúne a más de 30.000 investigadores voluntarios en más de 90 países, que siguen un riguroso y sistemático proceso de revisión de las intervenciones en sanidad.

En esta misma revisión sobre cuarentenas y confinamientos, los investigadores de Cochrane reconocen limitaciones en los datos de su estudio que hacen que esas conclusiones no sean totalmente seguras. Destacan que los diseños en los trabajos originales son observacionales y no incluyeron un especie de comparación sin cuarentena. Adicionalmente, basaron sus modelos en datos parciales que asumen diferentes criterios de partida sobre el virus (por ejemplo, cómo de rápido se propagaría).

En cualquier caso, Europa ya ha empezado de nuevo los confinamientos. Pese al gran sufrimiento y degradación económica que generan, sus gobiernos los han considerado necesarios en determinadas circunstancias.

Si llega el momento, ¿qué principios habría que tener en mente?

Como el confinamiento afecta a derechos fundamentales, para su implantación efectiva sería necesario el más amplio consenso posible. Es imprescindible legalizar su articulación a través de un estado de sorpresa concorde con el ordenamiento legal castellano.

En el caso de que se decida dar el paso alrededor de el confinamiento poblacional (total o por comunidades autónomas, según indicadores), a mi razón las autoridades deberían tener presentes los siguientes puntos:

-Liderazgo y legalidad política para tomar y aplicar una audacia de afín calado con una aplauso social razonablemente generalizada.

-Afianzar que se cuenta con datos y investigación fiables que se conviertan en información inteligible, evidencia e inteligencia para la hecho.

-Asegurar la financiación necesaria, porque estas medidas implican un coste crematístico.

-Mostrar voluntad efectiva de consultar e involucrar a los principales sectores afectados.

-Anticipar las políticas que abordan riesgos sectoriales específicos. Por ejemplo, los que plantean el sistema escolar, las instituciones de enseñanza universitaria y los lugares de trabajo de ingreso densidad.

-Introducir o modificar medidas estabilizadoras de política social con el objetivo de minimizar el impacto de la pandemia en personas, colectivos y negocios particularmente afectados.

-Diseñar y apoyar las políticas para avalar el apoyo al Sistema Doméstico de Salubridad, tanto en los aspectos de sanidad pública (test, trazabilidad, aislamientos y cuarentenas) como de público (tratamiento y rehabilitación de pacientes).

Adicionalmente, es fundamental articular estrategias de comunicación que inspiren credibilidad y confianza. Se ha de informar y comunicar evitando tanto los falsos triunfalismos como los titubeos y contradicciones. Explicar el por qué, dónde, cómo, cuándo y durante cuánto tiempo hace desidia introducir medidas. La denominada « sofoco pandémica» es cada vez más positivo y solo se puede afrontar con credibilidad, almohadilla científica y buena información.

José María Martín Dorado. Catedrático de Medicina Preventiva y Salubridad Pública, Universidad de Valencia.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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