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Crítica de «En busca de Summerland»: Artículos de fe

Crítica de «En averiguación de Summerland»: Artículos de fe
#Crítica #averiguación #Summerland #Artículos

Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

La historia que cuenta esta película parece salida de una boutique de banderín menos preocupada por el realismo que por atender a cuestiones en bogadura: una historia de mujeres, más aún, de apego entre mujeres, siempre bajo la espada de Damocles de la reprobación social. Estamos en un bello pueblo costero de Kent en plena exterminio mundial, pero eso importa menos que los fantasmas personales (ausencia que adivinar: los vemos en docenas de flashbacks tan fugaces como fastidiosamente repetidos) que atormentan a la protagonista, empeñada en sus escritos académicos para mejor aislarse de la comunidad.

Este esquema de renacimiento de un personaje que escogió comportarse allá del mundanal ruido se redime del tópico gracias al trabajo de los actores, en primer lado de Gemma Arterton: parece mentira que empezara haciendo de Strawberry Fields (¡!) en una de Bond; y luego de Lucas Bond (sin relación), que además insufla vida al personaje del «huérfano» de exterminio del que la eremita protagonista debe ocuparse. Si la película narra una historia de apego, no es con esa apasionado que solo asoma en modo retro sino con el chaval que aparece de pronto en su retiro. Y luego, si se molestan en ir a verla, recibirán uno de esos golpes que superan lo de truco de banderín para ganarse casi un aplauso –o abucheo- de pura incredulidad. Un toque de excentricidad –o de equivocación de respeto al espectador- que desentona en una película hasta ese momento tan correctita.

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