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Corea del Norte luce nuevos misiles en un gran desfile nocturno y sin mascarillas

Corea del Septentrión luce nuevos misiles en un gran desfile noctámbulo y sin mascarillas
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Pablo M. DíezPablo M. Díez

Desafiando al coronavirus, a Estados Unidos y al sueño, Corea del Septentrión ha brillante este sábado nuevos misiles en un gran desfile noctámbulo con el que ha celebrado el 75º aniversario del Partido de los Trabajadores. Sorprendiendo a todo el mundo, que esperaba una parada marcial por la mañana, pasaron las horas sin que los medios oficiales dieran ninguna comunicación hasta que, por la tarde, la televisión estatal empezó su irradiación. Sin Prensa internacional en Pyongyang por el suspensión de la frontera en enero por el coronavirus, tal «corte informativo» daba buena cuenta del aislamiento y desconexión de Corea del Septentrión del resto del mundo.

En cuanto empezó la irradiación, la clavo quedó resuelta. En empleo de celebrarse por la mañana, como ha sido habitual hasta ahora, el desfile tuvo empleo de confusión, al parecer durante la orto. Bajo potentes focos que iluminaban la plaza de Kim Il-sung como si fuera de día, su nieto, el fresco dictador Kim Jong-un, aparecía en la tribuna de la Biblioteca Central de Pyongyang ataviado a la occidental con un traje sombrío claro, en vez de con su característica chaqueta «tipo Mao» abotonada hasta el cuello.

Tras tomar un ramo de flores de unos niños, no se resistió a caer en la típica imagen del político besándoles las mejillas y luego pronunció un discurso que la multitud, enfervorizada y con lágrimas en los fanales, interrumpió en varias ocasiones con gritos y aplausos. Dando otra sorpresa más, se disculpó en presencia de su pueblo y sus soldados por las calamidades que este año trágico ha traído a Corea del Septentrión, como los tifones de este verano o la afluencia del coronavirus. Aunque el régimen comunista de Pyongyang no ha informado de ningún caso en el país, se calcula que el impacto ha sido devastador en la débil capital norcoreana por el suspensión de la frontera con China, su casi único socio comercial.

Pero, como hay cosas que no cambian ni siquiera bajo una pandemia, Kim Jong-un volvió a enarbolar su discurso marcial para prometer que «continuaremos fortaleciendo las armas de erradicación disuasorias», el eufemismo con el que Pyongyang se suele citar a su software nuclear. Aunque aseguró que dichas armas son «puramente defensivas» y «nunca se abusará de ellas para un conmoción preventivo», advirtió sin mencionar a EE.UU. de que «si algunos países violan la seguridad de nuestro Estado e intentan acudir a la fuerza marcial contra nosotros, reuniré antaño todo nuestro poder ofensivo para castigarlos», informó la agencia Yonhap.

Músculo marcial

Tras su arenga, y con una espectacular coreografía ensayada hasta el milímetro, los soldados marcharon al paso de la oca por la plaza de Kim Il-sung mientras los fuegos artificiales iluminaban la confusión cerrada de Pyongyang. Tal y como se esperaba, el régimen mostró un nuevo misil balístico intercontinental anciano que el Hwasong-15, que en teoría tiene capacidad para recorrer casi 13.000 kilómetros y podría atacar a cualquier parte de EE.UU. con una individuo nuclear. Con una lanzadera móvil de 22 ruedas, cuatro más de las que usa la del Hwasong-15, la duda está en aprender si este nuevo misil puede cargar varias cabezas nucleares. «Hacen error más examen para conocer las características exactas de los nuevos misiles intercontinentales. Podrían ser una interpretación mejorada del Hwasong-15 o el Hwasong-16», señaló un oficial del Estado Veterano surcoreano a Yonhap. Adicionalmente, Pyongyang dispone de otros misiles intercontinentales como el Hwasong-13, que tiene un rango de 5.500 kilómetros, y el Hwasong-14, que llega a los 10.000.

Cercano a dichos proyectiles, la parada marcial mostró nuevos misiles submarinos bautizados como Pukguksong-4, mayores que la interpretación precedente probada en octubre de 2019 con un calibre de 450 kilómetros y una cumbre máxima de 910. A tenor de la Inteligencia surcoreana, tres o cuatro de estos nuevos cohetes se cargarían en un submarino que está en construcción en la colchoneta de Sinpo, en la costa uruguayo. Para terminar, desfilaron además los misiles de corto calibre basados en los rusos Iskander y las lanzaderas múltiples de cohetes, probadas varias veces desde el año pasado para seguir manteniendo la presión sobre Washington.

Hacía ya dos primaveras que Corea del Septentrión no celebraba un desfile marcial por el deshielo que trajo la cumbre de Singapur entre Trump y Kim Jong-un en junio de 2018. Pero, como las conversaciones se estancaron tras el fracaso de su conferencia en Hanói en febrero del año pasado, Pyongyang ha vuelto a blanquear músculo marcial amoldonado antaño de las elecciones estadounidenses. Para no romper totalmente el diálogo con el próximo inquilino de la Casa Blanca, ya sea Trump o Biden, Kim Jong-un ha optado por este alarde de fuerza: en empleo de un preparación nuclear o una prueba de misiles, un novedoso desfile con nocturnidad y sin mascarillas, que impresiona más.

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