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Confinados en Israel entre unos vecinos que solo temen al Juicio Final

Confinados en Israel entre unos vecinos que solo temen al Sumario Final
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Mikel AyestaranMikel Ayestaran

Lo primero que sientes es incredulidad. ¡No puede retornar a estar pasando!

No importa que los expertos alertaran de lo vertiginoso de la desescalada, que las cifras lo estuvieran anunciando desde hacía semanas, que los médicos levantaran la bandera roja o que cada vez más personas próximas se hubieran infectado… todos queríamos recuperar la vida mencionado a marzo y no mirar nunca más detrás. De pronto, una tarde, llega el mensaje de la escuela para informar del cerradura indefinido del centro siguiendo la atrevimiento del Tarea de Educación, luego el ministro de Vitalidad informa de las nuevas viejas directrices que todos conocemos, se limitan los movimientos, se cierran las tiendas no esenciales, se recorta el transporte divulgado… El mundo vuelve a comprar las dimensiones de tu casa, tus fanales son los balcones y ventanas y maldices a los vecinos que se toman a la ligera la situación y siguen disfrutando del parque del ensanche como si esto no fuera con ellos. Estás confinado.

La segunda oleada de coronavirus golpea con fuerza a Israel, donde un tercio de los 1.547 muertos por coronavirus y cerca de la fracción de los más de 240.000 infectados se han producido en el zaguero mes. El Estado hebreo, cuya respuesta fue modélica en la primera ola, fue el primero en confinar de nuevo a su población delante el crecimiento imparable de la curva y lo hizo el 18 de septiembre. Un confinamiento flexible, impresionado por la equivocación de mecanismo entre los socios de gobierno en temas esencia como las manifestaciones que desde hace trece semanas congregan a miles de personas frente a la casa de Pequeño Netanyahu o el cerradura de las sinagogas, punto esencia delante las fiestas judías.

El plan del Gobierno era un cerradura de 21 días para afrontar las grandes festividades del calendario hebreo, desde el Año Nuevo (Rosh Hashana), hasta el Sukot (fiesta de los tabernáculos), con el Yom Kippur en medio. Tres semanas de toril, con limitaciones a las oraciones en montón y freno a las reuniones familiares, un plan sensato sobre el papel, pero con poco beneficio de éxito en un país con más de un millón de judíos ultraortodoxos, divididos en infinidad de grupos y con rabinos preocupados por el Sumario Final, no por la pandemia.

¿El resultado? La aparición del ministro de Vitalidad, Yuli Edelstein, adelantando que el confinamiento será más derrochador de lo previsto, que nadie espere que se termine el 11 de octubre.

Jerusalén, zona roja

Jerusalén es la ciudad con más casos activos del país. El hospital Share Zedek es uno de los dos centros israelíes con la planta Covid completa y desde hace una semana se deriva a los enfermos a otros hospitales. A unos pocos minutos en coche se encuentra el ensanche de Mea Shearim, bastión ultraortodoxo que recorrió el lunes el periodista Anshel Pfeffer, del diario Haaretz, durante la viaje sagrada de Yom Kippur. Allí se encontró a «miles de fieles» reunidos en sinagogas como la de Belz, sin mascarillas y sin ningún tipo de distancia social, como si el contagio del virus fuera «un auto-sacrificio» que hacían en nombre de su fe. «¿Coronavirus? Solo tememos miedo día del Sumario Final», le confesaron los allí congregados durante la primera oración del día. Ni señal de la Policía, más ocupada en cerrar cruces y calles para evitar el tráfico de coches en el día santo que en imponer las restricciones aprobadas por los responsables de Vitalidad.

Durante el fin de semana se registraron 1.384 casos en la ciudad santa, donde la signo de casos activos alcanzó los 7.226. De los nuevos positivos, 817 fueron ultraortodoxos, según los datos del profesión de Vitalidad. Las estadísticas oficiales sitúan a los barrios y localidades de estos religiosos como los lugares con más detención nivel contagios (25%), seguidos de los árabes israelíes (entre el 10 y el 15%). Antiguamente del confinamiento total, las autoridades intentaron imponer en estas zonas rojas un toque de queda, pero no surgió impresión.

El director genérico de Vitalidad, Hezi Levy, alertó de que las yeshivas (escuelas religiosas) presentan «cifras enormes de contagios» y avisa de que aunque vivan en guetos, estas cifras «nos afectan a todos por su impacto en los hospitales». El corregidor de la ciudad santa, Moshe Lion, realizó asimismo una «emplazamiento de emergencia» a los ultraortodoxos porque «la situación de los hospitales es preocupante» y les pidió respetar las normas para «redimir vidas». Muchos no le hacen caso y el resultado se verá pronto en una curva que no conoce razas o religiones y que no frena su promoción aunque se repita mil veces un texto del Pentateuco.

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