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cómo revivir 728.909 empleos zombi

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Susana AlcelaySusana AlcelayMaría CuestaMaría Cuesta

España era un paciente de aventura para el coronavirus y la infección le ha afectado de repleto. Los cuidados paliativos, vía ERTE y créditos ICO, han acabado hasta ahora atenuar algunas dolencias y el tratamiento vía fondos que podrían inyectar desde Bruselas dan esperanzas de exceptuar al enfermo. Pero los pertenencias secundarios serán inevitables. España se enfrenta al oposición de reedificar su heredad sin ocurrir conseguido reponerse por completo de la susodicho crisis, con unas empresas más pequeñas que el resto de Europa, el maduro obligación, una deuda disparada, el corazón crematístico, el turismo, paralizado y un mercado profesional con graves problemas de funcionamiento. Muchas serán las cicatrices, aunque si hay una herida que preocupa especialmente es la del mercado profesional: ¿cómo logrará el país reactivar a los 728.909 trabajadores que aún se encuentran en ERTE y, al tiempo, encontrará una ocupación para los que pronto acabarán en ERE?

Los ERTE y el cese de actividad de los autónomos han retenido de momento el empleo y el mercado de trabajo está aún sumido en una burbuja que terminará de explotar cuando la fuerza profesional protegida se tenga que incorporar a sus empresas. La cuestión ahora es entender con qué intensidad se desacelerará el crecimiento de la heredad, y cómo impactará en la coexistentes de ocupación, sin duda la variable más sensible socialmente, transmitido que el número de parados roza los cuatro millones.

«España tiene muchas malas condiciones de partida en el ámbito profesional. Tenemos más paro estructural, más temporalidad, más hacienda humano con quebranto formación y políticas activas más ineficientes que nuestros vecinos. Pero esto es precisamente lo que tenemos que cambiar con los fondos europeos. Hay que cambiar la regulación profesional. Si queremos converger con otros países en tasa de empleo, tenemos que hacerlo igualmente en regulación profesional. En Europa han apostado por la “flexiseguridad”, aquí por la “flexirigidez”», asegura Rafael Doménech, responsable de Prospección Crematístico de BBVA Research.

Es conocido el impacto que tuvo en la ocupación la reforma profesional de 2012, aprobada en un círculo de devaluación salarial como principal armas para salir del periodo recesivo, pero se desconoce cómo se comportaría el mercado profesional en esta nueva crisis provocada por la pandemia. Lo que sí es ya una certeza es que el ritmo de reactivación del empleo se ha frenado de forma brusca. España destruyó 1,074 millones de empleos a lo amplio del segundo trimestre del año en comparación con el primero, según la última EPA.

Esto se traduce en que la crisis sanitaria ha dejado la maduro destrucción de empleo nunca registrada en España, superando los peores datos de la crisis de Lehman Brothers. En el primer trimestre de 2009, cuando la crisis empezó a sacudir de repleto a España, la destrucción de empleo no llegó a 800.000 trabajadores, muy allí de los casi 1,1 millones de ocupados perdidos este año. En total, el número de empleados entre abril y junio fue de 18,6 millones de personas, el peor referencia desde 2017. Y las cifras de destrucción de empleo son engañosas, teniendo en cuenta que no recoge el impacto de los ERTE, ya que los afectados siguen figurando como empleados aunque cobren prestaciones.

Renunciar al ERTE

Los rebrotes han complicado aún más la situación. Para muchos empresarios las bonificaciones fiscales ofrecidas por el Gobierno en los ERTE no son ya suficientes porque llevan apto el compromiso de no despedir. El panorama se ha encapotado desde marzo, cuando la esperanza de una crisis en «V» aún no se había desvanecido. Y desde mayo, cuando se confiaba en que el verano volvería a encender lo motores económicos, si no al cien por cien de su capacidad, al menos al ralentí. Por eso son muchos los empresarios que han hecho cálculos y han optado por renunciar a los ERTE, abonar la cotización al completo de sus trabajadores y, a cambio, tener la facilidad de adaptar su plantilla a una demanda cada vez más débil. Se manejo, dicen, de ajustarse o caducar.

Circunscripción perdido

Entonces, ¿hasta dónde llegará el detrimento de la ocupación?. El empleo es un indicador retardado del ciclo crematístico, que reacciona cuando lo han hecho el resto de indicadores. Los datos, por consiguiente, podrían ir a peor, transmitido que la situación económica sigue agravándose. El Bandada de España ya avisó que el número de horas trabajadas, una de las variables que permiten analizar la proceso de empleo, caerá este año un 11,9%, mientras que en 2021 y 2022 al punto que se recuperarán las dos terceras partes del ámbito perdido.

En el círculo más negativo, el número de horas trabajadas se desplomaría, incluso, un 14,1%. En 2019, según las últimas cifras de Estadística, se trabajaron 34.202 millones de horas, lo que significa que la crisis vinculada a la pandemia se habrá llevado por delante este año, en el mejor de los casos, aproximadamente de 4.000 millones de horas de trabajo. El problema no es beocio teniendo en cuenta que en 2023, cuando el PIB recupere los niveles previos a la crisis, según las previsiones del Bandada de España, el número de horas trabajadas se situará todavía por debajo de hace casi dos décadas.

Arcángel de la Fuente, director ejecutor de la Fundación de Estudios de Crematística Aplicada (Fedea) se muestra claro: «El PIB potencial de España se va a compendiar pero es difícil entender cuánto. Cuanto más dure la crisis, más se reducirá porque se destruirá más tejido empresarial y eso es muy difícil de reedificar. Los fondos europeos pueden ayudar a mitigar el problema, pero depende del uso que se haga de ellos». En la misma fila apunta José Álvarez, profesor de la Universidad de Navarra: «Desgraciadamente van a desaparecer muchas empresas y esto va a tener un musculoso impacto en el empleo. Hasta ahora hemos contenido el shock pero en unos meses el paro va a subir inevitablemente. Y lo que más me preocupa es que va a costar mucho reabsorberlo».

El coste de perder comba en la recuperación no es beocio. Converger con los países más desarrollados es una dura carrera de fondo en la que cuanto más detrás te quedas más difícil resulta retornar a superar ámbito. En los últimos cincuenta primaveras, España ha hecho un gran trabajo y se ha situado como la séptima heredad que más se acercó en términos reales a Estados Unidos. Tal y como recuerda Álvaro Nadal, exministro del Gobierno de Mariano Rajoy, en su compendio «Lo que no son cuentas son cuentos», en el año 1950 España al punto que disponía del 24% por ciento del PIB por nativo de Estados Unidos. «Entonces México, Pimiento, Uruguay, Sudáfrica o Trinidad y Tobago disfrutaban de niveles de vida más altos que España. Hoy esa monograma es el 65%, ganamos más o menos dos terceras partes que los norteamericanos», relata.

¿Hay aventura ahora de desandar parte del camino andado? Los expertos coinciden en que la situación de incertidumbre es tal que es muy difícil hacer previsiones certeras. Porque la sinceridad es que España está a punto de corretear el punto de partido. «Si empleamos adecuadamente las ayudas que pueden entrar de Bruselas, hacemos reformas y elegimos aceptablemente los proyectos, el sensación puede ser muy filántropo. Pero por mucho que la Unión Europea haga, no hay carencia mecánico», dice Doménech.

«La secreto fundamental es la proceso que siga el turismo. Si mañana aparece una vacuna, muchas empresas conseguirán sostener. Pero como la crisis se alargue y tenga un sensación permanente en los hábitos, el sensación puede ser devastador», remarca De la Fuente. La suerte está echada.

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