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Carreño, un viaje hacia las alturas

Carreño, un delirio en torno a las gloria
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Laura MartaLaura Marta

En un US Open como ningún otro, Pablo Carreño (1991) se convierte en el más corrido del cuadro masculino. Con 29 abriles. Una situación que pretende beneficiarse porque con la destreza y el mico de trabajo se ha rebaño las semifinales del Grand Slam estadounidense. Escalón que pisa por segunda vez luego de que, en 2017 y todavía en Flushing Meadows, alcanzara la que es su anciano cota en un ínclito, por ahora. Pero en este 2020 impredecible, el asturiano parece suceder dispuesto todo el equipo para que lo invertido en estos abriles encuentre el mejor de los presentes.

Metódico, tranquilo, sereno, a Carreño se le dan correctamente los tenistas explosivos. Es, por pasatiempo y personalidad, el contrapunto que acelera todavía más los arrebatos del rival. Lo sufrió Novak Djokovic y todavía Denis Shapovalov, inmenso talento de 21 abriles todavía sin encauzar. Delante la fogosidad del canadiense, la templanza del castellano. «Ha sido una batalla tremenda física y mental. Estoy destrozado, pero muy eficaz. Ha sido una vencimiento importante», sentenció luego de las cuatro horas de partido y cinco sets (3-6, 7-6 (5), 7-6 (4), 0-6 y 6-3). Un triunfo de prestigio porque doblegó a Shapovalov desde la mentalidad: en dos parciales decididos en el tie break donde el pasatiempo es más cabecera que piernas y con capacidad para anular las expectativas del rival tras estar con un set, y el cuarto por otra parte, en blanco. Fue un merma físico, pero de ningún modo tenístico, que explicaba así Carreño: «Posteriormente del tercer set, con un nivel muy detención de tensión, hice un parón para cambiarme de ropa y me quedé un poco bloqueado. Me costaba poner en marcha tras el impulso o en los restos». Por eso llamó al fisioterapeuta. Un fricción, un desbloqueo de la parte disminución de la espalda, para atropellar al canadiense en la recta final.

El asturiano, firme desde el fondo, más agresivo que nunca, confiado en su pasatiempo, y en su cuerpo, confirma que el camino empleado estos abriles en la Entidad Juan Carlos Ferrero es el correcto. Al tenis le faltaba un paso más adentro en la pista; a la cabecera, un paso más adentro en la confianza. «He estado muy correctamente de ademán. De cabecera he aguantado los desasosiego del principio y estar dos breaks en lo alto y perderlos en el segundo set. He tenido rachas muy buenas y mentalmente he aguantado formidable». Ya lo tiene todo.

Bajo la sombra de los Nadal, Ferrer, Bautista y López, Carreño dio un brinco delante en 2017: cuartos de final en Roland Garros, semifinales en US Open, bandera de la Copa Davis, donde aprendió que podía sufrir y descargarse de la presión un fin de semana, de un viernes de dolor tras perder frente a Franko Skugor hasta la redención el domingo. Un paso en torno a la reflexión, en el que se incluye ser consciente de que los altibajos son parte del pasatiempo, que hay lesiones, y que retornar antes a veces es el mejor modo de avanzar. Responsabilizarse los nuevos roles. Como el que vive en este Extenso de EE.UU.

«Trabajé muy duro con mi monitor (Samuel López). Y cuando trabajas duro, normalmente llegan los resultados», asegura. Para mañana quiere descargarse de la presión. Se la regala toda a su rival, un Alexander Zverev al que le puede pesar que deba, casi por obligación, confirmar las expectativas de conseguir poco ínclito que desde hace tiempo pasea, sin éxito, por los Grand Slams. El teutónico, de 23 abriles, tiene por otra parte en su bandada a David Ferrer, que conoce de maravilla el trabajo y el crecimiento de Carreño. Pero el asturiano ofrece estos días la imagen del tenista completo: físico, mental, brío, reflexión, convicción. «En 2017 poca familia se lo podía creer. Esta semifinal significa que no fue casualidad, que mi nivel vuelve a ser magnífico para pelear contra los mejores». Carreño, 29 abriles, semifinalista del US Open.

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