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Carlos Sainz roza el triunfo en el segundo podio de su vida

Carlos Sainz roza el triunfo en el segundo podio de su vida
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José Carlos CarabiasJosé Carlos Carabias

Carlos Sainz devolvió la emoción por la Fórmula 1 en una carrera potente, para el rememoración, disputada en el circuito de Monza. Tuvo la trofeo a tiro el gachupin en un gran premio majareta, con dos expectativas, bandera roja, accidentes, sin los Mercedes al mando. Hasta el zaguero instante peleó el madrileño contra el francés Pierre Gasly, campeón de la tarde con su Alpha Tauri. Hasta la última curva con toda la pasión de su parte, «quiero esta trofeo, Tom», le dijo a su ingeniero cuando éste le recomendaba calma. El premio no fue pequeño. Un segundo puesto en Monza con el McLaren para el segundo podio de su vida a posteriori de aquel episodio en Brasil 2019. Aunque lo más importante es la electricidad que transmitió en la distancia. Fue un podio refrescante para una Fórmula 1 enquistada en lo de siempre y anestesiada por Mercedes: Gasly, Sainz y Stroll, la mocedad al poder.

Esas palabras, «quiero la trofeo, Tom», y sus declaraciones posteriores, «casi estoy frustrado por no cobrar», muestran la firmeza competitiva de Carlos Sainz, su determinación y discernimiento en persecución de los sueños. El gachupin, como demostró siempre Alonso, quiere cobrar por encima de todas las cosas. No le vale otro resultado.

Estuvo tan cerca en Monza que su aspiración resultó contagiosa. Es un piloto fiable y veloz, sensato y arribista, que se equivoca muy poco. No falló en la salida, cuando lo dio todo para empinar al segundo puesto por detrás de Hamilton al rendir la flaqueza de Bottas, al que le viene muy excelso el Mercedes.

Sainz siquiera se equivocó en el ritmo sostenido por detrás del intocable Hamilton, el podio a la clarividencia porque Bottas no remontaba y los Racing Point no tenían la velocidad de los McLaren.

Los Ferrari se estrellaban en otra demostración de impotencia, los Renault peleaban en puestos delanteros, pero Sainz no se inmutó hasta que llegaron los accidentes. El primer coche de seguridad penalizó a Hamilton por una de esas normas absurdas de la F1: entró a cambiar ruedas con el pit cerrado por una luz roja que debía divisar a decenas de metros.

La castigo a Hamilton (detener en la calle de garajes y esperar diez segundos) animó la carrera porque el segundo coche de seguridad acabó en carrera detenida, una bandera roja que castigaba a Sainz, líder posible en ese momento por la castigo de Hamilton. Lo que no han gastado generaciones de aficionados se produjo: una segunda salida de la parrilla.

Ahí Sainz mostró sus galones, su perseverancia en presencia de el elixir de prestigio que tenía en presencia de los fanales. Por el lío de los que entran o no a cambiar ruedas, salió sexto y se lanzó como un poseso a por su sueño. Se merendó a Stroll, teórico privilegiado en la reanudación con neumáticos nuevos. Se comió a Raikkonen. Y buscó la dentellada final en presencia de Gasly.

El francés condujo de habladuría en presencia de la presión del gachupin, exhibió un nivel de primera categoría y regaló una defensa honorable de su éxito. Sainz lo tuvo a tiro de DRS, pero el fuego no le alcanzó para elevar el trofeo que merecía, como el galo, por su entusiasmo desde hace más de un quinquenio. El podio es un utópico congratulación para el gachupin que tuvo el paraíso a menos de un segundo de su McLaren.

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