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Bruselas rechaza el ultimátum británico para un Brexit a su medida

Bruselas rechaza el ultimátum britano para un Brexit a su medida
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Enrique Serbeto

La expresión elegida no podía ser más «british». El presidente del Consejo europeo, Charles Michel publicó ayer un mensaje en redes sociales en inglés diciendo: «We might be losing the UK, but we won’t lose our stiff upper lip». Que más o menos se traduciría como que «puede que estemos perdiendo al Reino Unido, pero no lo que no perderemos es nuestra flema británica». Ficticio que desde Londres no se captase el matiz de lo que significa permanecer con «el hocico superior rígido» para que no trascienda ninguna emoción ni enfado en presencia de un hecho claramente desagradable. En sensación, los rumores develados ayer mismo por lal prensa británica sobre los planes del Gobierno de Boris Johnson para remodelar la estatuto comercial del país de modo que se ignoraría por completo el compromiso adquirido por el Reino Unido en el tratado de Retirada que prevé un status específico para Irlanda del Ideal, fue recibido con particular inquietud en Bruselas, que no tardó en reaccionar con la viejo celeridad, como una señal de susto.

Las negociaciones sobre el Brexit se reanudan precisamente hoy en Londres en un hábitat que ya se había vuelto frío y distante desde hace meses. El negociador europeo Michel Barnier no ha ocultado su preocupación en presencia de la obstinación del gobierno britano en sostener que puede tener al mismo tiempo las ventajas de participar en el mercado interior europeo, pero sin estar sometido a las mismas reglas que son obligatorias para todos los países miembros. Esta disputa sobre el «nivel de reglas comunes» que Bruselas insiste en que deberán respetar las empresas británicas para que las europeas no se encuentren en desventaja y se mantengan los estándares de protección de los consumidores, era hasta ahora el centro de la controversia. Lo que ha sucedido es que inesperadamente Londres ha amenazado con descuidar incluso el compromiso ya concertado –con mucha dificultad, pero asumido personalmente por el propio Boris Johnson– para abastecer a la provincia británica de Irlanda del Ideal interiormente del espacio reglamentario europeo, a condición de que se establezcan controles para las mercancías que lleguen desde el resto del Reino Unido. De este modo se evitaría la condición de reinstaurar controles fronterizos y aduaneros en la propia isla de Irlanda, lo que iría en contra de los acuerdos de paz que pusieron fin al liberal conflicto norirlandés.

Eso significaría que el Gobierno britano estaría preparando una estatuto que anularía el llamado «protocolo irlandés» pactado y firmado en el tratado de retirada de la UE. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, que no suele intervenir abiertamente en las negociaciones, publicó además un mensaje en Twitter en el que recordaba a las autoridades de Londres que el cumplimiento de ese acuerdo es un compromiso justo asumido por el primer ministro Boris Johnson. «Confío en que el gobierno britano implementará el Acuerdo de Retirada, que es una obligación según el derecho internacional y un requisito previo para cualquier asociación futura. El Protocolo sobre Irlanda es esencial para proteger la paz y la estabilidad en la isla y la integridad del mercado único» advertía Von der Leyen en su mensaje.

Poco antaño, el negociador europeo, Michel Barnier, había dicho en una emisora de radiodifusión francesa que tenía intención de pedir aclaraciones a su interlocutor britano David Frost sobre estos rumores publicados por la prensa económica londinense. «El protocolo es una condición para preservar la paz [en Irlanda del Norte] y para proteger la integridad del mercado único europeo, pero además es una precondición de confianza entre nosotros porque todo lo que se ha firmado en el pasado debe respetarse».

Un portavoz de la Comisión Europea leyó además un comunicado en el que asegura que si el primero de enero no se ha llegado a un acuerdo sobre las relaciones futuras «y el Reino Unido sale del mercado interior y de la unión aduanera, la UE está índice para abastecer sus relaciones comerciales con el Reino Unido bajo las reglas de la Estructura Mundial de Coemrcio. Ello implicará la aplicación de controles y barreras que no existen actualmente por lo que pedimos a los operadores europeos interesados que se preparen para esta eventualidad».

Barnier y Frost se reunirán hoy martes en Londres para una semana de negociaciones. El representante europeo pedirá explicaciones a Frost «para comprender mejor las intenciones del gobierno britano» en este asunto tan sensible.

De alargarse a un acuerdo, debería ser antaño de finales de octubres, para que haya tiempo para todos los instrumentos de ratificación antaño del 31 de diciembre. Una vez que Londres escogió no optar por una nueva prórroga, en caso de que no haya acuerdo el 31 de diciembre a medianoche se producirá la desconexión total entre el Reino Unido y la UE, de modo que a posteriori de más de 40 primaveras de proceso de convergencia, las relaciones pasarán de repente a ser similares a las de un país con el que no hay acuerdos comerciales de ningún tipo. Los británicos dicen que aceptarían un acuerdo comercial similar al que la UEtiene con Canadá, pero ignoran el hecho de que la propia proximidad geográfica no le permite a la UE concederle esas mismas ventajas. Como dice el propio Barnier, los británicos quisieran tener «lo mejor de los dos mundos» pero para los europeos es ficticio, en primer lado porque ello es injusto pero lo más importante es que alentaría a otros países a hacer lo mismo: ignorar las reglas del mercado interior y beneficiarse de ello vendiendo sus productos.

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