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Barcelona: Nostalgia de Griezmann por el Atlético

Barcelona: Nostalgia de Griezmann por el Fornido
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J. Abizanda / S. Font

Antoine Griezmann regresa esta oscuridad (21.00 horas) al Wanda Metropolitano, estadio en el que prolongó su condición de ídolo tras muchas tardes de ovaciones en el Vicente Calderón. Pero la alegría de su coyuntura ha desaparecido tras dejarse llevar el Fornido de Madrid. Multitud muy cercana a él se lo advirtió antiguamente de tomar la audacia definitiva de cambiar de aires. «Aquí puedes entrar en la historia, allí serás uno más siempre», le soltó su esposa Erika Choperena hace dos primaveras y medio cuando barruntaba su fichaje por el Barcelona. Como si de una premonición se tratara, el paso del francés por el equipo azulgrana no está siendo como soñó. Ni mucho menos. Ha sido ninguneado por el vestuario (varios futbolistas le han afeado sobre el césped recriminándole más esfuerzo) e incomprendido por los entrenadores (Valverde le hacía desafiar en una demarcación que no es la suya, Setién le llegó a dar entrada en los minutos de la «basura» y Koeman le ha cuestionado goles fallados). Incluso criticado por la afecto (el jueves fue increpado a la salida de la Ciudad Deportiva) e infravalorado por el entorno (el precandidato a la presidencia Víctor Font aseguró que «era un fichaje que no se tenía que deber hecho por la posición que ocupa»). Al galo, campeón del mundo con Francia en 2018, se le ha sofocado la sino en el Camp Nou, donde la relación con sus compañeros siquiera es igual de fluida como la que tenía con la mayoría de miembros de la plantilla del Fornido.

Los dos grandes lastres con los que se ha antitético Griezmann tras vestirse de azulgrana son el rol que ocupa en el equipo y la relación que mantiene con Leo Messi, que siempre le vio como el impedimento para que regresara su amigo Neymar. El punta se reivindica cada vez que juega con Francia e incluso Deschamps, su seleccionador, manda recados a Koeman mostrándole la mejor forma para exprimir su rendimiento sobre el campo, mientras su entorno se encarga de propagar el turbio círculo que vive en un vestuario donde reina el divo argentino. «Antoine llegó a un club con graves problemas donde Messi lo controla todo. Es a la vez emperador y monarca, y no vio la presentación de Antoine con buenos fanales. Es el régimen del terror», denunció recientemente Éric Olhats, exagente del galo.

Una relación fría

Desde el Barcelona se afanan en dar renombre a la relación entre las dos estrellas. «No he conocido carencia en el vestuario que indique un problema entre ellos. No soy partidario de apañarse problemas. El que habló, dejó a Griezmann como su cliente hace primaveras. Son chorradas», aseguraba ayer Koeman en la previa del partido de esta oscuridad frente a el Fornido.

Pero lo cierto es que la relación entre Messi y Griezmann no es todo lo fluida que se esperaba. De hecho, Godín, su padrino en el Fornido e íntimo amigo del francés tras primaveras de convivencia en la caseta y fuera de ella, tuvo que dialogar el año pasado con su compatriota Luis Suárez para que intermediara entre uno y otro. Una conversación que, aparentemente, fracasó. Cuesta ver gestos de complicidad con el argentino tanto adentro como fuera del campo. De hecho, Griezmann se siente más cómodo con el clan francés: Umtiti, Dembélé, Lenglet y, hasta su marcha, Todibo. Personas cercanas al galo aseguran que Messi se siente cómodo tomando el mate que Antoine prepara en el vestuario, aunque los que conocen más de cerca al argentino mantienen que éste aún no ha digerido la celebración de su primer gol con el Barça, lanzándose confeti por encima.

Poco amigo de jaranas y fiestas, Griezmann prefiere compartir el tiempo con su tribu en la casa que tiene arrendada en Pedralbes, muy cerca de Dembélé. Allí disfruta de las vistas de Barcelona desde su parterre de mil metros cuadrados o bañándose en una enorme piscina acompañado por sus hijos, Mía y Amaro. Paga cerca de 20.000 euros mensuales por la mansión y le gusta más advenir el tiempo en casa (tiene un cocinero) que salir a cenar fuera.

Aunque Erika Choperena, íntima amiga de Georgina Rodríguez (la pareja de Cristiano Ronaldo) cuando vivía en Madrid, fue recibida con los brazos abiertos por Antonella Rocuzzo y Sofía Balbi, esposas de Messi y Suárez, Griezmann prefirió desde un primer momento la compañía de Nikola Mirotic, al que solía ir a ver al Palau Blaugrana cuando la prepandemia lo permitía. Dada su afecto al baloncesto, especialmente a la NBA, el montenegrino se ha convertido en uno de sus mejores amigos en la Ciudad Condal, el refugio que ha antitético un tahúr que en Madrid además llevaba una vida normal, pero al que no era carencia difícil ver acompañado por Filipe Luis, Juanfran, Koke o Giménez. El hermano veterano del francés en el Fornido, sin retención, siempre fue Diego Godín. El defensa uruguayo se convirtió en su «Cicerone» en Madrid a posteriori de percibir la citación de Carlos Bueno, un compatriota que pasó por la Actual Sociedad y que coincidió con el galo en Segunda división, cuando el punta firmó por el club rojiblanco.

Porque Antoine Griezmann, a diferencia de lo que le sucede actualmente en el Barcelona, siempre ha cultivado excelentes relaciones en los vestuarios por los que ha pasado. Abriles a posteriori de separarse, aún sigue hablando a menudo con Carlos Bueno, la persona que le introdujo en la civilización uruguaya y que le despertó la pasión por el mate, desde hace unos primaveras la bebida favorita del galo. Un futbolista convertido ahora en bueno de la NBA contagiado por otra amistad que entabló en la caseta de la Actual Sociedad, la del mexicano Carlos Vela.

Padrino de la hija de Godín

En el Fornido de Madrid amplió el círculo y Griezmann acabó compartiendo numerosas vivencias futbolísticas y personales con compañeros como Diego Godín, el padrino de su hija Mía. Los encuentros domésticos entre las familias de uno y otro se sucedieron especialmente en los últimos primaveras en los que permaneció en Madrid. Pero en el vestuario rojiblanco terminó forjando más amigos para toda la vida. La pasada temporada, ya como tahúr del Barça y tras una discutida función de Koke en un partido de Champions League, el punta no dudó en editar un mensaje sabido de talante al que hoy será su rival en el Metropolitano. «Vamos, mi hermano. Capitán», fueron sus palabras.

Muy apegado a Godín, a Griezmann se le escaparon las lágrimas en mayo de 2019 cuando, sentado adjunto a los padres del central, escuchó al uruguayo anunciar su marcha del Fornido. Solo unos días a posteriori, el francés siguió los pasos de su «hermano veterano» al poner rumbo al Barcelona, donde sigue sin encontrar su sitio. Siquiera el cariño que nunca le faltó en sus otros vestuarios y que ahora tanto añora.

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