Tecnología

Antonio de Zulueta, el biólogo español olvidado que tradujo a Darwin

Antonio de Zulueta, el biólogo gachupin olvidado que tradujo a Darwin
#Antonio #Zulueta #biólogo #gachupin #olvidado #tradujo #Darwin

Patricia BioscaPatricia Biosca

1937, Querella Civil Española. El reputado biólogo evolutivo y genetista John Burdon Sanderson Haldane, alistado en las Brigadas Internacionales, recala en Madrid, donde aprovecha para pasar revista el Museo de Ciencias Naturales. A pesar de las circunstancias, el director momentáneo de las instalaciones, Antonio de Zulueta, le muestra las bodegas, en las que sigue empecinado en hacer experimentos con el escarabajo polimórfico Phytodecta variabilis, con el que probó la existencia de genes en el y cromosoma y, luego, que la herencia genética estaba unida al sexo; su pupilo, el profesor Fernando Airoso, se encuentra criando «pepinos explosivos» (Ecballium elaterium), muy «apropiados» para el momento.

Mientras los tres charlan sobre ciencia, son interrumpidos por un fuego graneado «más severo que cualquiera de los de Londres en 1914-1918», tal y como escribirá el propio Haldane tiempo posteriormente en una nota en «Nature». Y acaba: «Creo que la persistencia de Zulueta y Airoso en condiciones, por aseverar lo intrascendente, desagradables para la investigación, merece ser registrado y es un buen augurio para el futuro de la biología en España».

Pero no se cumplió el pronóstico del genetista anglosajón: la ciencia española en militar, y el museo madrileño en particular, cayeron en un periodo sobrado equívoco. Así lo relata « Del elefante a los dinosaurios: 45 de abriles de historia del Museo Doméstico de Ciencias Naturales (1940-1985)», una obra resultado del arduo trabajo de una docena de investigadores del CSIC que intenta, precisamente, arrojar luz y desempolvar figuras que se quedaron injustamente relegadas al cajón del olvido, como el propio Antonio de Zulueta.

«Es un personaje que todos los biólogos de mi gestación conocemos y desconocemos en partes iguales», explica Andrés Galeón, investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, autor del capítulo destinado a «uno de los mejores genetistas europeos de su época» y responsable de la charla que cerrará el ciclo de conferencias en torno a la nueva publicación del MNCN, el próximo martes, 27 de octubre.

Los inicios de Zulueta

Antonio de Zulueta y Escolano, el pequeño de seis hermanos, nació en Barcelona el 7 de marzo de 1885. Por una enfermedad, y siendo aún un nene, se traslada a existir al banda del mar, donde empieza a interesarse por los moluscos. Su apego es tal que, sin activo terminado los estudios, es aceptado en una sociedad científica catalana, donde aviva aún más su pasión por la biología. La estudios la cursará a heroína entre la ciudad condal y Madrid, en donde finalmente echará raíces. Pero sus ramas próximamente se comenzarán a extender por toda Europa.

«Se paga él mismo la estancia en París -estudiará en la Sorbona– y se mantiene por sus medios hasta que por fin le conceden una ayuda», cuenta Galeón. A finales de la primera término del siglo XX, Zulueta incluso cursa una ayuda en el Instituto Koch (Berlín), tomando contacto con los últimos avances de la época. En este momento recibe una emplazamiento del Museo Doméstico de Ciencias Naturales de Madrid para convertirse en conservador, un cargo técnico que sobre todo está dirigido a la docencia de las nuevas generaciones de biólogos que quieren formarse más allá de nuestras fronteras. Acepta, y se plantea el batalla de introducir la nueva metodología que ha aprendido en Europa. Incluso manguita su laboratorio, cuestión definitoria de su devenir fundamental. Es aquí cuando empieza su «idilio» con el museo.

Antonio de Zulueta (bata blanca) en el laboratorio de Biología del MNCN.
Antonio de Zulueta (sobretodo blanca) en el laboratorio de Biología del MNCN. – Imágenes cedidas por la comunidad Zulueta / MNCN

«Era un profesor liberal, pero incluso muy intolerante. Siempre decía aquello de ‘Esto está admisiblemente. Pero podría estar mejor’. Pero no ponía el moldura stop solo para los demás, incluso lo hacía con su propio trabajo». Quizá por esa tendencia al perfeccionismo su traducción de la famosa obra de Charles Darwin, « El origen de las especies», es considerada la mejor tirada española de todas las existentes. «Sin requisa, como suele acaecer en España, somos expertos en olvidar lo importante y acordarnos de lo marginal», reclama Galeón. Porque Zulueta fue mucho más que un buen traductor.

Mucho más que el traductor de Darwin

En ese momento se sabía que existían dos tipos de cromosoma: el X -que puede ser aportado por los dos progenitores- y el Y -que solo lo aporta el hombre-. Pero se pensaba que solo el cromosoma X aportaba genes dominantes -es aseverar, información genética que se acaba manifestando en forma de caracteres-. Zulueta, con una ciencia empírica basada en cruces de especímenes -concretamente los escarabajos Phytodecta variabilis– consiguió demostrar por primera vez y antaño que otros investigadores que el cromosoma Y, propio de los machos, incluso aportaba información genética.

Phytodecta variabilis. Fenotipos amarillo, rojo, negro (muy extenso) y negro (poco extenso)
Phytodecta variabilis. Fenotipos amarillo, rojo, desfavorable (muy extenso) y desfavorable (poco extenso) – Imágenes cedidas por la comunidad Zulueta / MNCN

El catalán se consagró así como uno de los genetistas más importantes de su época, e incluso lumbre la atención de Thomas Hunt Morgan, autor de la teoría cromosómica de la herencia, que le invita a su laboratorio de California en 1930. Bajo todo este éxito consigue financiación por parte de la comunidad Rockefeller para financiar y modernizar su laboratorio de Biología, emplazado en un antiguo y destartalado invernadero de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Es el momento en el que la genética empieza a extraer y Zulueta quiere que el Museo y la ciencia española tomen parte activa del cambio.

Antonio de Zulueta en Pasadena (California, EEUU) en 1930
Antonio de Zulueta en Pasadena (California, EEUU) en 1930 – Imágenes cedidas por la comunidad Zulueta / MNCN

La Querella Civil, un punto de inflexión

Pero entonces estalla la exterminio. Aunque es un estudiado muy reputado y con una carrera prometedora, tanto él como su discípulo Airoso deciden quedarse en Madrid, en el museo. Su compromiso es tal que acepta ser director momentáneo cuando el antedicho responsable, su amigo Ignacio Bolívar, se marcha a Valencia; así, en septiembre del 36, ya en su nuevo cargo, ordena habitar el pabellón residencial del director de la Residencia de Estudiantes y colocar allí los laboratorios del Museo. Según transcurre la exterminio, el Gobierno de la República decide convertir este edificio como hospital marcial, a y Zulueta se opone frontalmente a que sus laboratorios se ocupen con tal fin.

«Él no es un político, es un estudiado. Y como tal, defiende el museo», afirma Galeón. Su comunidad se ve afectada por la presión de los dos bandos: por un banda, su hijo, periodista en un medio conservador, se exilia a París; por otro, su hermano, Ministro de Azaña y embajador de España en Berlín, acaba expatriado primero a Colombia y luego a Estados Unidos.

Él decide quedarse incluso cuando todo está perdido para los republicanos. Es por ello que le abren un expediente por partida doble: por ser profesor universitario y por activo dirigido el museo. «Lo hacen con todos y algunos salen mejor parados que otros. A Airoso incluso le abren expediente, pero no ven causa; los dos procesos de Zulueta acaban en los abriles cuarenta, aunque durante ese tiempo está suspendido de empleo y sueldo. Incluso tiene que pedir billete a su comunidad», apunta Galeón.

La desgracia del laboratorio y de Zulueta

Al final, le devuelven su empleo en el laboratorio, donde ejercerá hasta el final de sus días, casi hasta los abriles 70 -si admisiblemente le prohíben ostentar cargos de responsabilidad, sentencia que se cumplirá solo a medias-. Sin requisa, está en un país devastado al que pocos estados, posteriormente de la II Querella Mundial, miran. Florecen nuevas metodologías genéticas para las que Zulueta ya llega tarde, y los personalismos bajo los que se rige la etapa de la posguerra en el museo no ayudan a reintegrarse el esplendor de épocas pasadas.

Como tantos otros, su nombre se va diluyendo poco a poco en la historia, hasta nuestros días. «Su vida se caracteriza por una eterna lucha por la ciencia y está llena de matices, pero siempre positivos», argumenta Galeón, quien ha planeado adjunto con Carolina Martín y Soraya Peña una exposición sobre la figura de Zulueta con motivo de los ciencuenta abriles de su fallecimiento. Un inspección para uno de los genetistas españoles más importantes de la historia y trabajó sin refrigerio incluso bajo las bombas y al banda de los disparos. Quizá sea momento de recuperar el eco de todo aquello.

Ver los
comentarios

#Antonio #Zulueta #biólogo #gachupin #olvidado #tradujo #Darwin

Leave a Comment